Donald, majo, ¿y ahora qué hago yo con la hipoteca?
A falta de tres míseros años para liquidar la hipoteca, la idea de pedir una ampliación y tunear para la jubilación la casa que Teresa y yo compramos a cachitos hace treinta años se me quedaba en un temblor tabulado. Algo así como un «cariño, es que me fastidia empantanarnos justo ahora», un lamento del tipo «con lo poco que quedaba, otra vez la angustia…», o mi habitual cenicismo preventivo: «Yo no tengo nada claro que nos dé para arreglar también la cocina». Teresa –que tiene el sentido común del que carezco... Читать дальше...
