Irritante, irreverente, incontinente, intempestivo... En definitiva, Alberto Greco (1931-1965) era, tal y como manifestaron algunos de sus colegas, un completo incordio. Quería estar en todas partes y luego no se presentaba cuando tenía que exponer. Y si, finalmente, llegaba a la sala de exposiciones, podía soltar cualquier cosa perfectamente inadecuada. Entre sus excesos y gusto por el escándalo, tenía siempre el recurso de los ratones, que valían tanto para volver maloliente una galería, en su... Читать дальше...