Entre las capacidades que hoy necesita recuperar nuestra vida pública tan cargada de fuerza destructiva y negatividad, quiero resaltar una que se hace especialmente presente en la experiencia pascual del amor crucificado que vence a la muerte y abre a la vida: la reconciliación.
En la entraña de ella están la ‘relación’, la justicia y la paz; aunque sea muy personal siempre tiene repercusión social, política y ecológica, por eso necesita también la implicación de las comunidades e instituciones; posee carácter procesual con tiempos y etapas no fáciles de establecer; siempre es deseable, aunque no siempre sea posible. Trabajar por reconciliar pasa por generar espacios y actitudes de reencuentro y reparación en el interior de cada persona; por realizar procesos...
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