Eva Amaral exhibe sus pechos en el Sonorama y uno solo puede aplaudir el gesto. Menos convence la necesidad de justificarlo. «Que nadie pueda arrebatarnos la dignidad de nuestra desnudez». Claro está, pero argumentar ya es problematizar. Nos preguntamos por los incluidos en el adjetivo posesivo. Ese «nuestra», ¿a quién se refiere? ¿De quién es la dignidad que, por supuesto, nadie debe arrebatar? ¿De las cantantes que cita? ¿De todas las mujeres? Descarto que cuente con los hombres. Si Aznavour se hubiera quedado en pelotas en el Liceo con 90 años (y aún le quedaba carrera), público y organizadores lo hubieran tenido por víctima de una crisis de agotamiento, y alguien habría cerrado el telón para proteger la dignidad del...
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