Jugar en Butarque, como en Vallecas o en el Coliseum del Getafe, todos por estos lares, es sinónimo de sufrimiento. Son los estadios del otro fútbol, el que premia al más intenso en los balones divididos, al más rápido en las segundas jugadas, al más enérgico en los despejes y también al más afortunado en los rechaces. Un poco de todo eso tuvo que hacer el
Barça para ganar 0-1 al
Leganés y distanciar a siete puntos a un Real Madrid que juega este domingo en Vitoria y en diez a un Atlético que recibe el lunes al Valladolid. ¿El gol? En propia puerta de
Jorge Sáenz, algo lógico en un partido tan espeso que se cobró la factura de la lesión de Balde.
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