Danny Boyle tiene aire de melancólico burócrata pegasellos hasta que abre la boca. Y entonces no para. Cuenta siete vidas en cada pregunta, con una vitalidad que explica la de sus películas. Adicto al ritmo, su cine es pura adrenalina. Una sucesión arrolladora de escenas trenzadas a golpe de impactos en la retina de los espectadores. Lo demostró con 'Trainspotting', la cinta que lo convirtió en autor 'mainstream', y hasta con la gala inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 , que dirigió. Ahora vuelve para confirmar que, a sus 68 años, no ha perdido vitalidad. Estrena este viernes ' 28 años después ', continuación de aquella ' 28 días después ' que en 2002 se adelantó al futuro...
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