María José Álvarez tenía 28 años cuando su cuerpo comenzó a fallarle. Empezó a caerse con mucha frecuencia (se le doblaban los pies) y sufría calambres y esguinces. Entonces era azafata de los trenes Talgo e iba de Sevilla a Barcelona hasta tres veces a la semana. Casi a la misma velocidad que el tren en el que trabajaba, la ELA fue avanzando sobre sus neuronas como un ejército invasor y despiadado y pronto se quedó sin fuerzas en las manos. « Un día ya no podía ni girar la llave de contacto de mi coche para arrancarlo» , cuenta a ABC desde el salón de su casa, situada frente al Palacio de Congresos de Sevilla. A María José...
Ver Más