Lima hipotecada y sin rumbo
La administración del alcalde Rafael López Aliaga ha sumido a la Municipalidad Metropolitana de Lima en un sobreendeudamiento sin precedentes en la historia fiscal de la ciudad. Sin un plan responsable, el burgomaestre que se jactaba con hacer de Lima “una potencia mundial” ha comprometido los ingresos de las próximas seis gestiones municipales, con una deuda que podría alcanzar hasta 3,5 veces sus ingresos anuales.
Es decir, ha hipotecado el futuro de la comuna con una carga financiera asfixiante que será pagada no por quienes hoy toman las decisiones que carecen de solidez financiera, sino por los limeños del futuro.
Si bien endeudarse no es, en sí mismo, una mala decisión, endeudarse mal, sin planificación, sin estudios técnicos concluidos y sin responder a prioridades reales y urgentes es llanamente una irresponsabilidad populista.
Lejos de cumplir con un mínimo estándar de responsabilidad fiscal, el actual alcalde ha priorizado el despilfarro. Ha destinado buena parte de los recursos a financiar costosas defensas legales de causas lamentablemente perdidas, que en el fondo y en lo concreto no dejan ningún beneficio a la ciudad y sus habitantes, más allá del aplauso momentáneo. La ciudad se endeuda en el aire. Mañana no tendrá mejores vías de comunicación ni ninguna obra que permita decir que valió la pena.
La tasa de interés con la que se colocaron los bonos en diciembre pasado (10,1%) es tres veces más alta que la obtenida por el propio Ministerio de Economía y Finanzas meses antes. En otras palabras: además de pagar los más de 4.000 millones de soles por los bonos regalados por Dina Boluarte, los limeños deberán pagar más de 400 millones de soles adicionales por los intereses generados.
Para ser más claros aún: esta deuda representa más del 30% de los ingresos totales de la ciudad de Lima; es decir, más de tres veces el techo que impone la regla fiscal nacional, que es del 10%. Un despropósito mayúsculo.
Hoy Lima no solo está atrapada en el tráfico y la inseguridad. También lo está en una telaraña de deuda e improvisación. Endeudarse debe ser una herramienta para resolver problemas, no para crearlos. No hay nada más injusto que hipotecar el futuro de millones de limeños, sin ningún sentido.
Este gestor, que deja a la ciudad con escalas menores en su grado de inversión internacional, quiere ser candidato presidencial. En concreto, abandonará la ciudad para probar suerte en los comicios del 2026.
