Bajo un cálido sol y cielo azul, Trafalgar Square, el corazón de Londres, latió el domingo al compás de una orquesta. Pero no fue un concierto cualquiera. En medio de un mundo cargado de incertidumbre, guerras y divisiones que parecen insalvables, la London Symphony Orchestra (LSO) ofreció algo más que música: ofreció una posibilidad de encuentro , de escucha, de comunión. Miles de personas, unas 7.000 según los organizadores, se dieron cita frente a la National Gallery para asistir al BMW Classics, el ya tradicional concierto gratuito que la LSO celebra cada año en la emblemática plaza londinense. Esta vez, con una novedad de calado: por primera vez, la batuta estuvo en manos de Antonio Pappano , el carismático director...
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