La segunda sesión por el crimen en septiembre de 2013 de la ferrolana Elisa Abruñedo se retomó este martes con la declaración de los hijos de la víctima. A escasa distancia del verdugo confeso de su madre, Roger Serafín, los hijos explicaron cómo les había impactado la muerte violenta de su madre en sus vidas, truncadas por completo tras el crimen. También regresaron al día de los hechos para relatar las primeras horas de la desaparición, mientras el acusado permanecía impasible, con los ojos cerrados por momentos. Adrián y Álvaro Abruñedo confirmaron que la única afición de su madre era «salir a pasear», pero que cuando lo hacía sola se cuidaba de hacerlo por zonas conocidas y cercanas a su vivienda de Lavandeira, en Cabanas. Durante la mañana también prestaron declaración los dos vecinos que encontraron el cuerpo de Elisa, que explicaron ante los integrantes del jurado popular que era un lugar muy cercano a la vivienda de la víctima, apenas 100 metros y que sospecharon cuando vieron una zona de matorral pisada, «como si alguien se hubiera abierto paso por ella». Otro de los vecinos que declaró este martes, único testimonio auditivo de los hechos, confirmó que en el margen horario en el que tuvo lugar la agresión escuchó unos gritos de mujer que lo hicieron alertarse. Duraron poco, reseñó, pero recordó que la persona decía «déjame marchar, déjame ir con mi familia». En fase de instrucción este mismo hombre declaró haber oído también una voz masculina que gritaba «estate quieta», aunque esta mañana en sala no pudo corroborarlo. Ausente de las declaraciones, el único acusado mantuvo una actitud alejada del relato de los hechos, con los ojos cerrados por momentos y un leve balanceo en la silla. El jurado popular, por su parte, se mostró muy colaborativo en todo momento, trasladando incluso varias preguntas al tribunal para que le fuesen formuladas a los testigos.