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Июнь
2025

¿De qué hablamos cuando hablamos de coaching ontológico?

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Los hechos políticos, hace poco conocidos, que involucran al Gobernador por la Región Metropolitana, Claudio Orrego Larraín y que lo relacionan con la contratación de una empresa asesora que habría prestado servicios de “coaching ontológico” a través de uno de sus asociados, expertos en tal “disciplina”, nos han movido desde la sorpresa hasta la sorna, transitando por el descreimiento, ya que se trata de una persona de una educación de alta calidad, que se ha desarrollado de todos los privilegios que da un excelente capital cultural.

Más allá de la arista política, es interesante pensar un poco en qué hablamos cuando hablamos de coaching ontológico y su relación con quien es el padre del concepto “ontología”, el filósofo alemán Martin Heidegger.

En su libro “Ser y Tiempo”, Heidegger señala que “los conceptos y proposiciones fenomenológicos originariamente extraídos están expuestos por el hecho mismo de comunicarse en forma de enunciado a la posibilidad de desvirtuarse. Se propagan en una “comprensión vacía”, pierden el arraigo en su propio fundamento, se convierten en una tesis que flota en el vacío”. Lo que está diciendo Heidegger es que un concepto que se encuentra abstraído de su concepción fenomenológica vivencial en el que se origina, pierde su fuerza epistémica, se desarraiga y flota en un vacío en el que puede llegar a aplicarse a una amplia gama de fenómenos que no tienen nada que ver con el concepto original. Pues bien, esto es precisamente lo que ha pasado en el bullado caso del “coaching ontológico” del Gobernador y su equipo, pues, a pesar de sus evidentes esfuerzos, simplemente se equivocan y  hacen flotar en el vacío profundo el concepto de “ontología”.

La verdad es que el uso de “coaching ontológico” suena más bien a un recurso para diferenciar el servicio de “coach” de otros que se ofrecen desde que irrumpen en el mercado, hace veinte años. El término proviene del mundo de los deportes y con él se indica, más bien, un entrenador. Según la International Coaching Federation, existen más de cincuenta mil personas que ejercen este oficio, en un negocio que mueve más de dos mil millones de dólares al año. Los clientes tienen características comunes, personas insatisfechas, cuyas vidas no marchan como quisieran, por ello se han ido creando nichos que los distinguen, coach de vida, coach de carrera y coach ontológico. En este último caso lo que se ofrece es “cambiar el Ser”, lo que se logra a través de conversaciones en las que el coach observa atentamente las tres dimensiones del individuo; el lenguaje, las emociones y la corporalidad. El cliente ha aprendido a interpretar el mundo de cierta forma y lo manifiesta en estas tres dimensiones y lo que se plantea es que los resultados desfavorables se dan como manifestación de esta forma de interpretar que tenemos y desde ahí se busca en conjunto una nueva forma de “interpretación” que dé los resultados que el cliente busca. El marco teórico que suelen citar quienes ejercen estas labores son grandes pensadores como Heidegger, Merleau-Ponty y el chileno Humberto Maturana. Al respecto, Maturana señaló en una entrevista claramente que no tenía nada que ver con el “coaching”. Uno de los conceptos que suelen usar es la “ontología del ser humano” Maturana dice que tomaron sus conceptos y los redefinieron a su arbitrio, además de mostrarse contrario a una suerte de manipulación y dependencia que genera la actividad de coach en su clientela.

En el caso de Heidegger, debemos decir que los defensores del coach señalan que el filósofo se refiere a su Dasein como un “ser interpretativo” que se relaciona con el mundo desde una forma afectiva, esto junto a la famosa afirmación de que “El lenguaje es la casa del Ser” confirma para ellos que al prestar atención al lenguaje y a la corporalidad del cliente está desvelando su Ser y con eso a la vista puede hacer cambios convenientes a sus metas y lograr el “éxito”.

La verdad es que existe bastante consenso en que el uso de algunos conceptos como la corporalidad, las emociones y el uso del lenguaje y su manejo medio vago de estos conceptos, distan de poder tratar el Dasein del modo en que lo define Martin Heidegger.

Esto es muy claro, ¿DÓNDE ESTÁN LA CULPA, LA ANGUSTIA, LA MUERTE? El auténtico Ser hacia la muerte. Nadie va a estar dispuesto a pagar para que le haga enfrentarse a la nada aterradora en el centro de su Ser.

Para Heidegger, el Ser logra vivir su existencia auténtica en la medida que logra enfrentarse a la angustia de que el existente humano es ser para la muerte, mientras el “coaching ontológico” en su búsqueda frenética del éxito trata justamente de ocultar estos fenómenos.

Hago votos sinceros para que el Gobernador que quiso un día ser Presidente de la República se enfrente a su Ser verdadero y en un momento de paz enmiende rumbo y camine hacia el meollo de su ser que no otro que la autenticidad de su muerte y, en ese tránsito, haga el bien, SEA para los demás y no malgaste dineros públicos  tratando de vestir un rey que siempre va desnudo.

Marcela Mercado R

Gestora Cultural















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