Veinticuatro horas después de que
Joan Garcia hiciera un mensaje de despedida y el Barcelona hiciera oficial su fichaje, la herida sigue muy abierta en el espanyolismo, sangrando a borbotones por la marcha de uno de sus grandes referentes, de un producto de la cantera. Duele, sobre todo por haber cambiado el club de su vida por el rival ciudadano.
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