Las casas de Madrid son en verano el refugio contra el asfalto en llamas de nuestra ciudad. Si no se tiene jardín no pasa nada, se compra usted un pingüino en el super y a bajar las persianas. Este hecho no ha pasado desapercibido en el mundo del postureo y, por eso, algunas marcas buscan la máxima exclusividad, dejando que sean sus embajadoras las anfitrionas de las cenas en 'petí comité'. La estrategia está bien pensada. Por un lado, organizarse en casa de alguien es una garantía de privacidad. No se va a colar ningún pretencioso del montón ni tampoco te topas con alguien a quien no querías ver. Porque, madre mía, la de rencillas que se tienen juradas los...
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