Lo normal, en la estética, es el conservadurismo, por eso en este mundo en guerra los sevillanos protestan por la restauración de la Macarena, y han convertido la longitud de sus pestañas en un debate nacional: con la imagen no se juega. El suceso, muy andaluz y recurrente, recuerda al del año pasado, cuando un pintor estuvo a punto de ser crucificado por representar en el cartel de la Semana Santa a un Cristo menos masculino de lo que dictaba la supuesta tradición (no aclararon cuál, no lo sabían). El artista, al final, tuvo que confesar que había usado a su hijo como modelo, lo que contuvo algunas iras y acrecentó otras. Estas anécdotas vienen a subrayar hasta qué punto...
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