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Июнь
2025

El vino dulce que Roma veneraba pudo ser el resultado de una ingeniosa estafa de Creta

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A base de miel - El análisis de un yacimiento en Knossos sugiere que los productores locales de vino dulce pudieron haber sustituido parte del proceso tradicional por un añadido más rápido

La imagen de romanos vomitando en los banquetes no encaja con lo que dicen las fuentes históricas

Los comerciantes del mundo antiguo no estaban al margen de las trampas que hoy se atribuyen a negocios sin escrúpulos. En mercados donde no existía un control sistemático, ofrecer un producto que parecía más valioso de lo que realmente era se convirtió en una habilidad rentable. Las monedas se podían mezclar con metales más baratos, las telas se teñían para disimular su origen y los perfumes se rebajaban con aceites sin olor.

El trueque y la venta dependían de la confianza, pero también del ingenio para el engaño. Entre todas las artimañas conocidas, una de las más frecuentes consistía en modificar ligeramente la apariencia de un bien para mantener la fachada de calidad. Esa lógica de sustitución disimulada ha quedado registrada en múltiples prácticas comerciales, como la que ahora sale a la luz gracias a un estudio arqueológico realizado en Creta.

Una investigación en Creta revela un truco vinícola muy rentable

La investigación, liderada por el arqueólogo Conor Trainor, profesor en University College Dublin, sugiere que los productores de vino en la ciudad de Knossos pudieron haber optado por una vía más rentable a costa del proceso tradicional. El trabajo, publicado en The Conversation, parte de una década de excavaciones que revelaron restos de instalaciones destinadas a la elaboración y transporte de vino dulce, similar al passum romano, muy apreciado por su dulzor y propiedades medicinales.

Uno de los indicios más reveladores apareció en los hornos de alfarería donde se fabricaban ánforas para la exportación. En ese mismo entorno se hallaron colmenas de cerámica, con paredes interiores rugosas pensadas para el asentamiento de panales, y grandes cuencos de barro donde presumiblemente se mezclaban líquidos antes de su envío.

Esa combinación de elementos llevó al equipo a plantear una hipótesis: el vino exportado no procedía únicamente de uvas secadas al sol, sino que podría haber sido endulzado con miel.

En el artículo, Trainor explica que su análisis de los espacios vinculados a la producción y el embalaje apunta a una práctica concreta: “Lo que mis investigaciones arqueológicas en un lugar de producción de vino, así como en sitios de fabricación de ánforas en Knossos, revelan es que los productores cretenses de vino podrían haber estado engañando a sus clientes en época romana con una versión falsa del passum”.

Los textos agrícolas del mundo romano mencionan los procedimientos habituales para lograr el dulzor deseado. Columela, por ejemplo, detalló que el secado y fermentación requerían como mínimo un mes. Plinio el Viejo habló de racimos que se dejaban marchitar en la vid antes de completar su secado en esteras durante ocho días.

Sin embargo, los restos hallados en Knossos no presentan señales de que se hubiera aplicado calor o deshidratación prolongada. Tampoco hay pruebas de prensado complejo. Todo apunta a un atajo para evitar tener que esperar demasiado para obtener el producto.

En este sentido, la presencia de las colmenas fue decisiva. Según Trainor, “la presencia de estas colmenas en estrecha proximidad a las zonas de producción y envío de vino es una correlación demasiado fuerte como para ignorarla”.

El comercio con Roma disparó la producción y favoreció ciertos atajos

La demanda del vino cretense, por otra parte, había aumentado de forma considerable tras la conquista romana de la isla en el año 67 a. C. Knossos pasó a ser colonia y el comercio vitivinícola creció de forma abrupta. El tránsito frecuente de barcos entre Alejandría e Italia favorecía que se cargaran productos adicionales como vino.

El prestigio del passum producido en Creta, descrito incluso por el médico Pedanio Dioscórides en su obra Materia Medica, lo convirtió en un bien de consumo habitual en Roma y sus alrededores.

Esa presión comercial pudo haber impulsado una adaptación de los métodos originales. Al reducir el tiempo de secado y sustituirlo por la dulzura de la miel, los productores aumentaban el volumen disponible sin afectar de forma visible el resultado final. El engaño funcionaba mientras la apariencia y el sabor se mantuvieran en un estándar aceptable por quienes compraban.

El fraude no escandalizaba si el vino seguía cumpliendo con su función

La idea de que los consumidores romanos pudieran haber sido víctimas de este tipo de fraude no sorprende si se tiene en cuenta la cantidad de ánforas cretenses encontradas en yacimientos italianos. Para Trainor, la explicación más probable es que la autenticidad no era lo que más preocupaba a los compradores: “Estamos viendo un patrón que sugiere una desviación respecto a los métodos tradicionales de producción del vino de pasas”.

A juzgar por el volumen de exportación y el silencio de las fuentes romanas ante posibles quejas, parece que el producto cumplía con las expectativas del mercado, aunque su elaboración no respetara el método original. La historia de Knossos añade así un capítulo más a las múltiples formas en las que, ya en la Antigüedad, se perfeccionaba el arte de ofrecer algo parecido a lo prometido, pero con menos esfuerzo.















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