Los cimientos de las artes marciales mixtas están compuestos por eternas rivalidades. Archienemigos históricos que, cada vez que sus caminos han llegado a un punto en común, han generado una expectación sin precedentes.
En el octágono no hay mentiras. Es el lugar donde la realidad cae por su propio peso, y donde el propio deporte habla en nombre de cualquier vanidad posible. Sin embargo, para construir legados inamovibles, es necesario cultivar cualquier dimensión de la pelea:
desde el micrófono hasta el tapiz, Dustin Poirier y Conor McGregor pasarán a la historia por su enemistad, una de las más virales del transcurso vital de la UFC.
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