En el sur de Menorca, a apenas nueve kilómetros de
Maó, se esconde una cala diminuta, con un encanto especial que conquista por su discreción. Enclavada
entre acantilados y barrancos de mediana altitud, esta playa no destaca por su tamaño ni por su oferta de servicios —porque no tiene ninguno—, sino por la calma que ofrece a quienes se animan a llegar hasta ella.
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