Hace años, viajar en coche era una experiencia casi mística. Uno se subía con fe, con bocadillos envueltos en papel de aluminio y un mapa con un par de lustros de retraso. El destino era solo una sugerencia. Se conducía con las manos, el oído y el corazón. Hoy, en cambio, viajar en coche es una tragicomedia tecnológica en la que tú no mandas: lo hace una señora robótica con voz de Siri menopáusica que te grita: «Gire a la derecha en 300 metros», aunque estés en la mitad de un puente. Antes, el coche era una promesa de libertad. Ahora es un zulo con ruedas, lucecitas y pantallas donde cada pasajero se convierte en un dictador digital con su...
Ver Más