He quedado con Carlos Herrera para cenar pronto y me pregunta dónde pero no se lo digo porque quiero darle una sorpresa. A los dos nos gusta comer y ponernos cursis con metáforas sobre platos y hemos hecho de esto nuestro estilo de vida y nuestra manera de presentarnos ante los demás. Pero luego, también los dos, tenemos un animal profundo, latente, brutal, sincero, no ajeno a un cierto refinamiento pero en un terreno de juego que es mucho más salvaje del que nos suelen suponer. Subimos por Mayor de Gracia y cruzados los Jardinets cree que lo llevo a Botafumeiro, a comer marisco y a incendiar billetes de 500. Es siempre súper generoso, Carlos, y me dice que le...
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