A España no ha llegado el fentanilo, pero sí el pádel , que ha roto igualmente familias, amistades, matrimonios y hasta relaciones abiertas, según cuentan las crónicas de autobús. Como con el fentanilo, tenemos el mismo problema: ¿cómo llamamos a estos adictos? ¿Padeleros, padelistas, padelers? ¿Padelmans? ¿Padelbros? De momento, y a falta del veredicto de la RAE, solo ha cuajado el despectivo, padelitos , y yo no sé por qué pero no puedo dejar de pensar en Morata, que como Casillas vino al mundo a hacer historia, además de deporte, y nos da tantas alegrías. Detrás de cada hombre que agarra una pala por primera vez hay una crisis de los treinta , o los cuarenta , sin resolver, y...
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