Estaba en Perth en 1998, en aquel inicio contra Hungría que marcó la pauta.
Estaba en Fukuoka en 2001, en aquella defensa que secó a Yugoslavia.
Estaba en Budapest en 2022, en aquella tanda de penaltis que detuvo corazones pero que también dio razones para quitar todo tipo de miedos acumulados durante años.
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