La macabra historia de la adolescente que mató a sus padres por prohibirles ver a su novio: un crimen que conmocionó Brasil
El 31 de octubre de 2002, los esposos Manfred y Marísia Von Richthofen fueron hallados sin vida en el interior de su casa, ubicada en la ciudad de San Pablo, Brasil. Desde un primer momento, las autoridades identificaron señales de una muerte violenta, ya que los cuerpos presentaban múltiples lesiones provocadas con un objeto contundente.
Fue su hija adolescente, Suzane, quien alertó a la policía tras asegurar que había sido ella quien encontró los cadáveres. En un inicio, una de las principales teorías apuntaba a un intento de robo que habría terminado de forma trágica. Sin embargo, tras una larga y minuciosa investigación, el caso dio un giro completamente inesperado.
El plan que fue ideando Suzane luego de que sus padres le prohibieran ver a su novio
Suzane era la hija mayor de una familia adinerada y de raíces alemanas. Un año antes del crimen que conmocionó Brasil, la joven inició una relación con Daniel Cravinhos, un joven de origen humilde, apasionado por las motos y el aeromodelismo, que no contaba con estudios universitarios.
Aunque al principio los padres de Suzane no se opusieron al romance, todo cambió radicalmente al descubrir que su hija había comenzado a consumir drogas, al igual que su pareja, y que no había logrado ingresar a la facultad de Derecho. Frente a esto, Manfred y Marísia responsabilizaron a Daniel por el rumbo que estaba tomando la vida de Suzane y le prohibieron verlo.
Lejos de hacer caso a la decisión, la joven se volvió aún más aferrada a la relación. Durante dos años continuó viéndose en secreto con Cravinhos. En esos encuentros clandestinos, ambos comenzaron a trazar un plan para poder estar juntos sin restricciones. En un inicio, Suzane consideró la posibilidad de robar a sus padres y huir con su novio, pero pronto surgió en ella una idea mucho más perturbadora.
El crimen cometido por Suzane contra sus padres con ayuda de unos cómplices
Durante varias semanas, Suzane, junto a su novio, Daniel Cravinhos, y el hermano de este, Cristian, organizaron meticulosamente el asesinato de sus padres. La noche del 31 de octubre de 2002, idearon un plan para mantener alejado a Andreas, el hermano menor de Suzane. Lo llevaron a un cibercafé y lo convencieron para que se quedara allí por varias horas, con el fin de que no se convirtiera en testigo de lo que iba a suceder.
En horas de la madrugada, los tres regresaron a la casa. Suzane, que tenía entonces 18 años, subió al dormitorio de sus padres para asegurarse de que estuviesen dormidos. Una vez que lo confirmó, dio la señal a los hermanos Cravinhos, quienes ingresaron a la habitación con un tubo de hierro. Con él, golpearon brutalmente a Manfred y a Marísia.
Manfred falleció en el acto, pero su esposa logró mantenerse consciente por unos instantes. Según los testimonios del caso, sus últimas palabras fueron un ruego desesperado: “No lastimen a mis hijos”. Poco después, Cristian le introdujo una toalla en la boca con tanta fuerza que le causó una fractura interna, lo que terminó por quitarle la vida.
Tras consumado el crimen, Suzane se dirigió a la caja fuerte de la casa y sustrajo una considerable suma de dinero: había reales, dólares, euros y varias joyas de valor. Parte del botín fue entregado a Cristian como compensación por su participación, mientras que el resto lo guardó con la intención de comenzar una nueva vida junto a Daniel, libre de la autoridad de sus padres.
La condena que recibió Suzane por la justicia brasileña
Después del crimen, Daniel, la pareja de Suzane, se comunicó con la policía. Afirmó que sospechaba de un posible robo en la casa de sus suegros. Sin embargo, a medida que avanzaron los días y las investigaciones, la policía notó irregularidades en relato de Suzane. Los horarios no coincidían, sus expresiones no reflejaban el estado emocional de alguien que acababa de perder a sus padres y, lejos de mostrarse alterada, su actitud era tranquila.
Ante las sospechas, los investigadores interrogaron a los hermanos Cravinhos. Bajo presión, uno de ellos terminó por confesar. El caso dio entonces un giro radical. Suzane, quien días antes había llorado frente a las cámaras, quedó expuesta como la autora intelectual del doble homicidio. El motivo era tan claro como brutal: eliminar a sus padres para heredar su fortuna valorizada en más de 11 millones de reales y así poder vivir con total libertad junto a su novio.
En julio de 2006, un tribunal condenó a Suzane a 39 años de prisión por el crimen cometido. Daniel y Cristian Cravinhos recibieron penas similares. Durante su tiempo en el penal de Tremembé, Suzane obtuvo un título técnico en administración, se casó con otro interno y trabajó en la biblioteca del centro penitenciario.
