Guillermo Cabrera Infante me lo dijo un día: «En el Caribe no se puede ser elegante, porque sólo existe el verano». Razón llevaba: en verano muere la elegancia. El verano es la resurrección de los cuerpos, pero es también la sepultura de la elegancia, porque no hay distinción que resista al bañador . En verano, a lo sumo, puede uno quedar exótico, o excéntrico, a la hora del ocaso, como Jaime de Marichalar, que alterna el pantalón de amebas y la pashmina de no resfriarse con el aire acondicionado. En verano, el personal va desabrochado de ánimo y desabrochado de ropa, y bajo ese relajo general no hay quien pille a un tío vestido en condiciones. Hasta Pep Guardiola, o...
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