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Июль
2025

“Yo también soy tu papá”: una carta de amor y por la memoria de un viaje sin retorno

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Firmo este texto con mi propio nombre, mas no así con mi apellido. Con este seudónimo parcial rindo homenaje a Sara, mi amiga que siempre fue mucho más que una terapeuta y que cerró sus ojos cuando la muerte la vino a buscar el año pasado. Ella siempre supo de esta historia y me sostuvo en los primeros momentos donde esto fue más difícil. Heredo en este relato su apellido.

También quiero proteger a la persona que envío esta carta.

En un tiempo donde los juicios siguen, una palabra mal reproducida, una frase fuera de contexto, nos puede perjudicar como familia ante un tribunal. Y quiero contar la historia con libertad y con la esperanza de que esta experiencia, que es nuestra, le puede hablar a muchas más personas, a muchos más hombres sobre cómo la paternidad es un viaje sin retorno: sobre cómo se puede ser padre a pesar de todo y de cómo la palabra papá designa mucho más que una semilla que vive en el cuerpo.

Tú aquí no tienes nombre, porque no necesito pronunciarlo para hacerte sentir que estás en mi corazón.

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Los párrafos anteriores son los primeros del libro “Una carta de amor. Yo también soy tu papá” de editorial La Pollera.

Una pareja decide registrarse como familia de acogida temporal y aprueba los requisitos psicológicos y materiales. Luego, empieza la historia de un hombre y un niño donde construyen un lazo indestructible más allá de la sangre y las resoluciones judiciales.

Han pasado siete años desde ese momento y Pablo Rivera decide escribir esta carta de amor. En conversación con Diario y Radio Universidad de Chile, el profesor universitario e investigador relata que ha recibido emotivos mensajes luego del lanzamiento y eso demuestra que “conectó con esas fibras más humanas”.

“Yo diría que han sido un gran regalo inesperado del libro y positivo” afirma quien se califica como “padre en construcción”.

¿Por qué querías dejar un mensaje escrito? ¿Y este 2025?

La idea del mensaje, que está en la base de este proyecto, fue que desde un principio pensaba escribir un texto como una especie de regalo para un niño que asumíamos se iba a ir de nuestro lado, eventualmente en adopción.

Había pensado en escribir un texto que recolectara algunas historias familiares de parte mía, y de Francisco, y que las podía convertir en crónica para que se llevara la sabiduría de la familia en la cual había estado.

Pero con el correr del tiempo, y la idea sometida a escrutinio de mis compañeros y profesores del Diplomado de escritura narrativa de no ficción de la Universidad Alberto Hurtado, se hizo patente que lo relevante era contar la historia. No solo un mensaje sino la historia de lo que nos había unido y de lo que estábamos pasando.

Y siempre tuve la idea de escribirlo en segunda persona. Como una carta donde podía decirle a este niño o a este futuro adolescente porque siempre pensé que la iba a leer y comprender siendo más grande, lo que habíamos vivido. Y en particular, lo que me había pasado en este viaje.

Ahora que lo pienso son dos motivos que me movían. Uno, que él supiera lo que había significado para mi propia vida y el viaje de transformación que había significado la paternidad.

Y segundo, también pensaba que quizás se lo escribía a un potencial juez o jueza que alguna vez viera la causa y supiera por lo que estábamos pasando. En ese sentido, la carta tiene un destinatario…pero en el fondo el mensaje puede ser recibido por dos personas.

¿Cuándo decidieron que querían ser una familia de acogida?

Lo discutimos con Francisco, quien es mi marido hoy. En ese tiempo teníamos una unión civil y fue la manera en cómo decidimos hacernos cargo de esta interrogante: ¿Cómo íbamos a ejercer la paternidad? Lo habíamos discutido y teníamos claro que no estaba en nuestras intenciones la gestación subrogada. Mas bien pensábamos en adopción y en esa conversación que estaba un poco en el aire, entre 2015 y 2017 y que tuvo muchos capítulos, justo ocurrieron dos cosas.

Uno, todo el caso de Lissette Villa donde se nos hizo tan evidente la necesidad de cuidado que tenían algunos niños que estaban institucionalizados.

Y segundo, coincidió que me enteré de la existencia de las familias de acogida. Sabía de las familias guardadoras y había crecido escuchando estas historias, pero la idea de familias de acogida, propiamente tal y con la ley vigente, se me apareció en ese minuto. Me enteré un día en el Metro que había un póster puesto en uno de los carros.

Yo trabajaba en ese tiempo en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica y estaba redactando mi tesis Doctoral. Me acuerdo que el día que terminé el manuscrito, me subí al tren de vuelta a la casa bien cansado y justo frente a mí…estaba este cartel.

Justo una amiga y compañera trabajaba en esa Fundación y le pedí más información. Lo pensamos y decidimos avanzar en este paso porque creemos que hay una necesidad de cuidado más urgente. Teniendo toda la información a la vista, decidimos entrar con todas las evaluaciones de rigor. Y una vez que aprobamos ese paso, nos comunicaron que éramos una familia calificada para poder cuidar.

En el fondo, nos hicimos disponibles en el sistema para que nos solicitaran el cuidado de un niño o niña. Y en esa historia es la que aparece el Pollo como al año después.

Han pasado varios años desde que asumieron el cuidado. ¿Cómo viviste la redacción de los diferentes “hitos” de la crianza? Donde se recuerdan anécdotas, pero también los miedos y los dolores.

Quise ser fiel al mensaje que está escrito al inicio de la carta. Pollo, te quiero contar que es lo que he vivido estando junto a ti y lo que he aprendido.

E inevitablemente ese aprendizaje tiene que ver con conectarme con mi humanidad, hablo de encontrar un valor distinto a mi cuerpo e identificarme más con mi papá. Son cosas que me fueron pasando en el camino.

Y también tratando de transmitir un mensaje, del que estoy convencido de antes de esta experiencia del acogimiento y la enseñanza…una experiencia de la que llevamos siete años.

Soy heredero de una tradición familiar, la idea de que la humanidad era imperfecta y que los padres se pueden equivocar. Que, a veces, va a contramano de los mensajes que abogan por la perfección. Este viaje me hizo conectar con mi humanidad porque hay cosas buenas y malas… y minutos donde me rendí o pensé que no me la podía.

Finalmente, no es muy distinto a las personas que ejercen la paternidad, madres, padres, tíos, abuelos o quienes se han hecho cargo de un niño. Se viven estas situaciones, pero no siempre se cuentan con tanta facilidad.

Porque quizás ése es el mensaje detrás del texto y el mensaje que quería dejar al Pollo: tú vas a ser una buena persona y vas a ser capaz de salir de las dificultades en la medida que mires lo bueno y lo malo. Espero que más adelante lo puedas integrar, se puede salir adelante y vincularse con alguien porque atreverse a amar te da energía, te libera…

Cuidar a alguien cambia la vida de la persona que está siendo cuidada, pero también de los cuidadores y ahí hay una oportunidad de experimentar ese crecimiento vital.

Amar cambia la vida, así de sencillo y complejo a la vez.

Registro de Pablo en el lanzamiento del libro en Providencia.

En el libro mencionas que el Estado “atiende sus propias lógicas y procedimientos”. ¿Qué mirada tienes del sistema en general?

Conociendo el sistema desde dentro, podría entender sus lógicas y me gustaría decir que muchas personas que trabajan aquí tratan de hacer lo mejor posible.

La institucionalidad se protege a sí misma, teniendo los pasos, haciendo las verificaciones, transmitiendo el peso de las orientaciones técnicas y quizás, a veces, de una manera un tanto fría. Inicialmente, nosotros nos sometimos a esta evaluación siendo conscientes de que era cuidar y dejar partir. En la medida que esto se fue extendiendo y que las salidas posibles se frustraron nos planteamos lo siguiente: estamos disponibles para cuidar a este niño más allá. Y es ahí donde el sistema reaccionó con firmeza y con una dureza muy sustancial.

Y lo que hay detrás, creo que son varias concepciones. Una, que las familias de acogida no se saltaran el sistema de adopción. Esto último lo escuché muchas veces, pero que es algo que la nueva Ley cambia. En ese sentido, creo que esto representa un avance porque ahora la ley se hace más cargo del bienestar de los niños y niñas de manera concreta.

¿Qué es lo complicado de que se extiendan los plazos? Sí, para uno puede ser frustrante porque está esperando que pasen tres meses y se cumplen dos años y uno tiene que adaptarse. Sin embargo, para un niño o niña es una eternidad, eso es lo contradictorio y es lo que escribo en el libro. Cuidar y ser familia de acogida implica comportarse como un padre y una madre porque eso es lo que necesita un niño o una niña… no se puede vivir diciendo solo soy un cuidador.

Cuando los plazos son más limitados, ese arraigo que se tiene de una casa no se rompe de la misma manera después de cuatro o cinco años en la vida de un niño que alcanza los seis y siete. Pollo tiene ocho años y ha vivido siete conmigo. Su manera de construir la vida no está conversando con lo que el sistema considera que debiera pasar.

La nueva ley al poner plazos más cortos y al poner el Estado más exigencias de que esto ocurra rápido se acomoda mucho más al tiempo de los niños y eso me parece que está bien.

La nueva Ley de Adopción demoró más de diez años en aprobarse y, finalmente, consideró varios cambios. Como lo mencionabas en la respuesta anterior, prioriza la revinculación familiar con plazos acotados. Segundo, termina con la rígida prelación al momento de adoptar, equiparando las posibilidades de matrimonios, personas solteras o parejas con acuerdo de unión civil. También incorpora posibilidades excepcionales para que familias de acogida que han tenido por periodos extensos a niños y niñas puedan ser familia adoptiva. ¿Qué opinas de estas modificaciones?

Ubica a Chile en la línea de lo que pasa en otros países. Sobre lo segundo, de alguna manera, la Ley está reconociendo la realidad de las distintas familias que hay en el país. También en el libro cuento la historia de mi madre y padre que tuvieron que resolver los cuidados en función de distintas cosas, dificultades, contingencias y la pobreza. La idea de que un niño nace en un hogar perfecto y que se mantiene toda la vida ahí es mas bien un ideal que una realidad. Afortunadamente, algunas familias lo pueden encarnar, pero no es la experiencia para los demás y es injusto que se discrimine en razón de eso.

Acá lo relevante es como la persona es cuidada. Bien que se termine este orden de prelación y que los distintos tipos de familia estén en igualdad de condiciones.

Y lo tercero, es que a los jueces se les da la facultad de decidir que en determinados casos y pasando los plazos se abre la oportunidad de que familias de acogida sean la solución definitiva para un niño y una niña.

Si uno ve las estadísticas, los plazos generalmente se cumplían cuando eran niños muy pequeños. Pero cuando aumenta la edad es más difícil que se resuelva. Si hay un niño que ya crea un vínculo que se evalúa positivamente y que el niño en cuestión siente que su derecho a una familia está restituido, se puede incorporar en el proceso judicial. Eso es una ganancia, de todas maneras… Nuestra historia habría sido muy distinta en estas circunstancias.

¿Cómo ha sido la recepción y la actividad del lanzamiento del libro?

El lanzamiento fue muy emocionante. En función de las distintas contingencias, tuvo una atención bien importante y sorpresiva. Nos acompañó el Presidente (Gabriel Boric) ese día, algo que no esperábamos y fue muy bonito. Ahí el Presidente, y también el alcalde de Providencia (Jaime Bellolio), dieron cuenta del proceso que aceleró la aprobación de la Ley. En el lanzamiento, se transmitió el mensaje de que es importante que las fuerzas políticas se movilicen y que bueno que fuera así.

Aparte de eso, lo que ha sido más interesante es el hecho de que en distintas circunstancias he recibido mensajes de personas que conozco y que no conozco. Me dicen: leyendo tu libro me pasó esto…Soy un papa que asumió el cuidado de un niño y hay un papá biológico que, pese a que no está, parece tener más derechos que yo y vive con miedo.

Otra persona me cuenta: yo viví la situación de estar institucionalizada y que ganas de haber tenido padres que pelearan por mi custodia como ustedes lo están haciendo…

Otros…pasé lo mismo que tú, pero para poder adoptar a una niña. El episodio donde estas rendido, me hizo pensar…

He ido descubriendo que las historias tocan narrativas parecidas en otros lados. Conectar con esas fibras más humanas, diría que han sido un gran regalo inesperado del libro y positivo. Tiene un efecto multiplicador y ahí pienso que le doy gracias al Pollo porque si esto que está pasando ayuda a que otros niños sean mejor tratados y cuidados, súper bien.

Quienes me dicen que fue difícil, pero después de leer el libro les dieron ganas de ser familia de acogida y que valía la pena. No lo escribí pensando en eso, pero fue un fruto.















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