Un año ha transcurrido desde el pucherazo de Venezuela sin que haya pasado absolutamente nada. En realidad ni siquiera fue un pucherazo como tal, porque para armar un fraude a gran escala se necesita una organización bastante sofisticada. A Maduro no le hizo falta: le bastó con proclamarse vencedor por las bravas y negarse a entregar las actas, a sabiendas de que Europa y Estados Unidos protestarían un poco hasta que sus opiniones públicas se olvidaran. Luego Zapatero y Sánchez se ocuparon de sacar a Edmundo González –que desde luego no era el hombre idóneo para enfrentarse a una tiranía como la bolivariana– y traerlo a España por razones 'humanitarias'. El triunfo de la mascarada volvió a demostrar que en...
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