Han pasado casi noventa años desde que el Monasterio de Sijena fuera arrasado por las llamas, en un incendio provocado por milicianos anarquistas procedentes de Cataluña. Es cierto que aquellos actos no fueron ejecutados por la Generalitat, pero también lo es que ellos eran la institución republicana gobernante en el territorio de donde partieron las tropas al frente de Aragón y fue incapaz de proteger ese gran tesoro patrimonial que estas encontraron a su paso. El resultado fue la pérdida irreparable de parte del conjunto, el desarraigo de sus bienes y un conflicto que aún colea. Lo que siguió después fue igualmente grave: el traslado unilateral de pinturas murales y objetos litúrgicos a Barcelona en pleno contexto bélico, sin autorización...
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