Dillon Brooks, el orgulloso
villano de la NBA, lleva el personaje bien dentro. Sus tantísimos críticos dirán que el personaje ha devorado a la persona. Pero la verdad es que el controvertido alero canadiense no proyecta un personaje, sino una persona auténtica que se toma cualquier partido de baloncesto como una cuestión de vida o muerte. Y cualquiera es cualquiera.
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