El sol de agosto se impone con toda su fuerza en Alicante. Especialmente en los barrios alejados del litoral, donde sólo las casas y los establecimientos se erigen en un refugio agradecido en estas fechas. Los hay quienes no pueden acceder a este cobijo. Entre Rabasa y el PAU 2, en los terrenos secos que conectan ambos barrios y que son de paso frecuente para ciclistas y perros que pasean con sus dueños, decenas de almas acampan como pueden al raso.