Hibakushas en La Mareta
Debieron morir de niños, pero los venerables surcos de su rostro confirman que ya han superado los 90 años. Su cuerpo sufrió mutaciones genéticas, pero, a diferencia de muchos de sus familiares y vecinos, esas mutaciones no quisieron ser mortales. A veces la línea entre vivir y morir se recuesta en los enigmas de nuestro ADN y en la casuística de una mañana de verano. Ahora que estamos inmersos en el 80 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas, las plataformas digitales nos traen interesantes documentales sobre los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. En Japón los llaman hibakushas (personas bombardeadas) y a la fascinación por su testimonio de primera mano se suma la melancolía de saber que lo que no pudo el hongo atómico lo podrá pronto la propia biología. La voz de esos ancianos va camino de apagarse y, con ella, su impagable enseñanza.
Bien es verdad que, en otros lejanos lares, uno puede toparse con otro tipo de hibakushas, algo menos venerables, aunque igualmente fascinantes por su terca longevidad. La política española, mismamente, está preñada de ellos.Debieron abandonar la política hace tiempo, pero su capacidad de resistencia confirma que siguen vivos en el juego de cincelar los destinos de España.
Este verano, mientras muchos españoles recortan su presupuesto vacacional, Pedro Sánchez ha convertido la residencia real de La Mareta en el Saint-Tropez de los hibakushas del PSOE. Dirigentes que han sobrevivido, de forma inopinada, a todo tipo de lluvias radioactivas. Sin ir más lejos, al propio presidente se le ha conocido la trama corrupta que viajó con él en el Peugeot, la turbia fontanería para dinamitar la acción judicial, las vidriosas saunas de su familia política, tampoco puede aprobar grandes leyes, no tiene presupuestos… y ahí sigue. Nada menos que 23 días de descanso en un palacio de lujo, a 850.000 lereles el mantenimiento, costeado por los contribuyentes.
Quién le iba a decir a Sánchez que podría disfrutar de semejantes vacaciones cuando pedía ayuda en redes sociales para enfocar su futura tesis doctoral o cuando en 2016 se refugió en los chiringuitos de Mojácar, con su gorrilla de Peaky Blinder, para rumiar su defenestración del PSOE. Aquel verano Sánchez decidió que el resto de su vida iba a ser un hibakusha.
El problema es que sobrevivir no es lo mismo que gobernar
Sánchez no solo se ha convertido en el gran hibakusha de la política española, sino que vive rodeado de ellos. Por eso ha invitado a La Mareta a Salvador Illa, superviviente del hongo atómico de la pandemia. El tipo que tuvo que abandonar el Ministerio de Sanidad por una mejorable gestión no solo sobrevivió a ese trance, sino que acabó siendo presidente de Cataluña, el territorio que dio a Sánchez el 15,7% de sus votos en las últimas generales.
Convertido en el condotiero de los hibakushas sanchistas, Illa se comporta como lo único que puede ser quien osa presidir la Generalitat: un nacionalista. Y ya se sabe que el nacionalismo catalán es odioso porque no solo quiere lo mejor para él, sino asegurarse de que los demás no tengan lo mejor. Ese es el verdadero hecho diferencial. Ahora, para llegar a 2027, el reto es contentar a Puigdemont, que, a través de su abogado en entrevista a LA RAZÓN, ha hecho saber que no está contento. Ni la amnistía le ha sacado de Waterloo ni el cupo fiscal le hace gracia alguna, porque es una maniobra que están capitalizando ERC y PSC.
Así las cosas, al hibakusha Illa se le ha ocurrido que un buen plan es atacar a Madrid, algo que a ningún nacionalista le puede parecer mal. Illa no solo pretende sacar a Cataluña de la caja común, sino además amputar la autonomía fiscal de Madrid. Suena muy fuerte, pero estamos hablando de hibakushas que ya han diseñado con éxito desvergonzadas piruetas. Fue el «sanchismo» el que cogió a un directivo del Barça, Albert Soler, y lo puso de director del CSD para modificar la Ley del Deporte, de tal manera que el caso Negreira quedase prescrito justo a tiempo. Y, aun así, han seguido diciendo que es el Madrit el que maneja el sistema. ¿Alguien duda de que puedan salirse de la caja común y, aun así, decir que la insolidaria es Ayuso?
Claro que todos estos planes de supervivencia deberán contar con la bendición de José Luis Rodríguez Zapatero. Arrasado por la crisis financiera del año 2008 que negó hasta el último segundo, el expresidente ha conseguido sobrevivir a aquella radioactividad para reconvertirse en negociador internacional y consejero áulico de Sánchez. De hecho, una de las incógnitas de la nueva entrega de Sanchear en tiempos revueltos será comprobar si al ego narcisista de Sánchez le afecta en algo que los mentideros políticos potencien la especie de que Zapatero es el verdadero ideólogo del «sanchismo», con su plan de choque para sobrevivir al desfiladero del 23-J y su polémico giro prochino.
De momento, Sánchez finge ser el que maneja la barca y quien convoca a otros hibakushas a La Mareta para sobrevivir al hongo atómico de un curso político que ha sido terrible para el gobierno. El problema es que sobrevivir no es lo mismo que gobernar.
