En un deporte como el pádel, donde la exigencia física convive con la toma de decisiones constante, muchos jugadores buscan cómo mejorar su rendimiento a través del entrenamiento. Y en ese camino, surge
una idea tentadora, pero peligrosa: entrenar más siempre es mejor. Acumular horas en pista, encadenar partidos, aumentar la carga física semana tras semana… todo parece una buena estrategia si el objetivo es progresar. Pero
¿hasta qué punto el cuerpo lo puede sostener? ¿Dónde está el límite entre el estímulo necesario y la sobrecarga silenciosa?
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