Mi hija se ha instalado unos días en la finca de los abuelos de una amiga y me llamó ayer para explicarme que la segunda mujer del padre justo había comprado cuatro gallinas . Cuatro gallinas ponedoras. Pasaron la tarde construyendo un cobertizo y los nidos –no sé si nido es la palabra exacta en este caso– para que pongan. Se ve que hace dos veranos, cuando llegó a la familia, compró contra la opinión de todos un conejo. Le advirtieron repetidamente de los peligros pero no hizo caso y el advenedizo no superó la primera noche y encontraron su cadáver en el huerto, destripado por el perro. La irrupción de las gallinas ha disgustado a los abuelos, dueños de...
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