En el mercado numismático, algunas monedas que parecen comunes pueden adquirir un valor muy superior al facial si reúnen ciertos atributos. Es el caso de
una moneda portuguesa de 2 euros, emitida en 2002, que ha comenzado a circular en plataformas de compraventa
por cifras que superan los 10.000 euros, e incluso alcanzan los 23.000 en algunos anuncios.
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