Que conste en acta que la idea del titular no es mía. Al César lo que es del César. El colega Álvaro Martínez me planteó el oficio (todo digno, que me perdonen) del fontanero y me vino como anillo al dedo. Y es que las labores de la tal Leire Díez (la mujer de las mil caras, peinados, tintes y aspectos) es lo más parecido a la fontanería entendida como desatascos, tuberías obstruidas, amalgama de pelos y otros descompuestos, atascos de inodoros y cisternas desgastadas y pocería. A todo eso y a más es a lo que me recuerdan la tal Leire y sus jefes. Y es que esa es la derivada más importante: ¿alguien se cree (no hay más...
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