Había cosas que odiábamos de pequeños. Muchas de ellas no nos siguen gustando a día de hoy. Por ejemplo, que nos digan que «no», que nos regañen, que nos obliguen a hacer cosas, y que nos recuerden que hay alguien que es más listo que nosotros. Hay algo que materializa todo eso y es la peor pesadilla de los niños en estos meses: los cuadernos de verano. Estos se inventaron en los años 90 como una ayuda para los alumnos que habían suspendido alguna asignatura y se tenían que examinar en septiembre, y con el tiempo, pasó a ser una actividad para toda la clase. Irónicamente, los adultos buscan volver a los tiempos traumáticos de llorar frente a una hoja...
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