Debates presidenciales y derechos humanos
Como pocas veces en elecciones pasadas, en las últimas semanas hemos sido testigos de la proliferación de debates entre l@s candidat@s al sillón de O´Higgins. Desde la perspectiva democrática, no cabe sino felicitar su realización. Ellos permiten a la ciudadanía conocer a l@s presidenciables, sus propuestas, sus estilos, lo que resulta fundamental para definir sus opciones frente a las próximas elecciones.
Dicho lo anterior, resulta preocupante, sino alarmante, la ausencia casi total en ellos de reflexión y propuestas de l@s candidat@s sobre una temática que ha estado al centro del debate de las democracias contemporáneas a partir de la segunda mitad del siglo XX; los derechos humanos.
Necesario aclarar que cuando refiero a los derechos humanos, estoy hablando no solo de la garantía de la vida y la integridad de las personas, la participación política y el acceso a la justicia, concepto acotado con que estos se hicieron conocidos en dictadura, cuando fueron denegados, sino también de los derechos económicos , sociales y culturales, como la salud y la previsión, la vivienda digna, los derechos laborales y sindicales. También me refiero a derechos de los pueblos indígenas, de la población migrante y de las diversidades sexuales, hoy reconocidos por la comunidad internacional de la que Chile es parte. Más aún, en un contexto de crisis climática comprobada por la comunidad científica mundial, también refiero al derecho humano a un medio ambiente saludable, al derecho al acceso al agua, entre otros, fundamentales para asegurar la continuidad de la vida, que hoy constituyen un consenso de la humanidad.
En efecto, salvo contadas excepciones, el énfasis en dichos debates ha estado puesto casi exclusivamente a los discursos y propuestas en dos grandes áreas; la seguridad pública y el crecimiento económico. Lejos de negar la importancia de estas temáticas, las que constituyen una preocupación central de la ciudadanía, llama la atención, que ellas se hayan convertido en una especie de mantra, cuyo abordaje resolvería todos los problemas del país. Así, en los debates no hay reflexión sobre las causas subyacentes a la inseguridad, entre las que se encuentran la pobreza (lo que es implícitamente reconocido por la candidata Matthei cuando señala que esta es muy grave en los barrios en que viven los sectores populares y no en los que ella vive), y a la creciente migración de países vecinos a Chile. En este último caso l@s presidenciables de derecha omiten el que se trata de un fenómeno global que afecta a toda la región, y al hecho de que parte importante de la población migrante llegó a Chile bajo el gobierno de Piñera, gobierno que apoyaron. No puede dejar de representarse la paradoja de los discursos anti migrantes de Matthei, Kaiser, Kast y Parisi, tod@s descendientes de migrantes. La reflexión que como chileno descendiente de migrante me hago al respecto es la siguiente: ¿Es que hay migrantes de primera categoría como los antepasados de ell@s que son permisibles y deseables, y otros de segunda categoría, como los provenientes de países vecinos, que no lo son?
Al no haber un análisis profundo de dichas causas, l@s candidatos compiten en sus discursos de mano dura; aumento drástico de las penas, cárceles en aislamiento total (cualquier relación con Alligator Alcatraz de Trump no puede ser pura coincidencia), escudo fronterizo y expulsión de migrantes, fortalecimiento de policías sin complejos, ampliación de la legitima defensa (defensa propia), son algunas de las propuestas del candidato Kast, quien lleva el liderazgo en esta materia. Aunque Jara incorpora como elemento adicional en sus propuestas sobre la materia el levantamiento del secreto bancario como mecanismos para frenar la expansión hacia Chile de los grupos delictuales, medida resistida por l@s candidat@s de derecha, la mano dura y el fortalecimiento de las policías, también forma parte de su propuesta. Si bien las policías juegan un rol fundamental para hacer frente a la inseguridad ciudadana, la que dicho sea de paso ha sido magnificada por los medios de comunicación (estudios recientes dan cuenta que Chile está entre los tres países con la menor tasa de criminalidad en la región), estas no pueden desarrollar su función, por importante que sea, sin respeto a los derechos humanos, como lamentablemente ocurrió no solo en dictadura, sino también durante el estallido social, realidad totalmente ausente del debate presidencial. Aún más crítico, la labor policial y punitiva por si sola no garantiza la seguridad ciudadana. Un reciente informe de la hoy denostada Organización de Naciones Unidas (recordemos que el candidato Kast en su candidatura de 2021 proponía retirar a Chile de la ONU) demuestra que la justa distribución de los ingresos y la superación de la pobreza, resultan elementos fundamentales para garantizar la seguridad ciudadana, la cohesión y la convivencia pacífica al interior de una sociedad, análisis ausente en los debates presidenciales.
Ello nos lleva al otro mantra de l@s presidenciables; el crecimiento económico. Gran parte de los debates se ha centrado en la crítica al desempeño de la actual administración en materia macro económica, a las bajas tasas de crecimiento e inversión de los últimos años, y en el incremento de las cifras de desempleo. Los análisis que l@s candidat@s de la derecha sobre la realidad económica llevan a pensar que estamos en país en banca rota , al borde del colapso financiero. Si bien la defensa del desempeño económico de la actual administración dista mucho del enfoque de mi análisis, informes del Banco Central, ente autónomo del Estado, dan cuenta que los últimos años dicha inversión alcanzó las cifras más elevadas de la última década.
Mi preocupación central, sin embargo, es otra. La primera y más importante es la ausencia casi total de análisis de l@s presidenciables sobre el agotamiento del modelo de crecimiento basado en recursos naturales finitos hasta ahora vigente, en el contexto de la crisis climática global antes referida. En efecto, sus propuestas en la materia se sustentan en el incremento de la explotación y procesamiento de recursos naturales, como los minerales, los recursos del bosque o del mar, ríos o lagos (en los dos últimos casos con especies exóticas altamente invasoras), actividades que contra toda evidencia científica identifican como sustentables. La única referencia a un modelo económico distinto a aquel basado en el crecimiento fue la realizada por Parisi en uno de los debates al mofarse de las propuestas de decrecimiento hechas en el contexto del proceso constituyente, caricaturizándolas – aunque sin señalarlo explícitamente – como estúpidas. Su desconocimiento sobre la reflexión sobre modelos alternativos al del crecimiento económico que hoy tiene lugar en prestigiosas instituciones internacionales, como el World Economic Forum, modelos que apuntan a reducir el consumo de energía y de recursos naturales, no así el PIB, en el contexto de la crisis planetaria que hoy vivimos, resulta lamentable.
Resulta preocupante que en los debates dicho discurso, incluyendo el de la candidata Jara, sea trasversal. Dada su trayectoria política sería esperable que ella tuviese una postura más consciente e informada en relación a la necesidad de impulsar modelos alternativos de desarrollo diferentes del extractivismo hoy imperante en nuestro país. Cierto es que ella pone énfasis en la necesidad de fomentar las energías renovables. No queda claro, sin embargo, cual es el concepto de energías renovable que propone, teniendo presente que se considera como tales el hidrogeno verde y la hidroelectricidad a gran escala – cuyos impactos ambientales negativos han sido advertidos por la comunidad científica.
Relacionado con lo anterior , otra preocupación es la ausencia total de propuestas sobre la responsabilidad que las empresas tienen en derechos humanos. En efecto, ninguno de l@s presidenciables se hace eco de las tendencias internacionales y comparadas de acuerdo a las cuales, las empresas, por su poder e importancia en las economías modernas, deben desarrollar sus actividades con respeto a estos derechos. En efecto, de acuerdo a dichas tendencias no solo los estados deben asegurar su protección en el contexto de la actividad empresarial, sino que las propias empresas son responsables de su comportamiento en la materia. Ello no solo a través de procesos de debida diligencia que les obligan a prevenir y mitigar los impactos en ellos como consecuencia de su actuación, sino también a repararlos cuando estos ocurren. Tal tendencia se ha visto reflejada no solo en directrices internacionales, sino en la legislación de los estados europeos, los que suelen ser citados en los mismos debates como modelos, así como también en los estándares que las grandes asociaciones empresariales han adoptado para acceder a los mercados globales. Si bien se puede entender la omisión de esta perspectiva en l@s presidenciables de derecha, que representan los intereses del empresariado, en el caso de la candidata Jara, ministra de un gobierno o que se comprometió a promover legislación sobre la materia – promesa hasta ahora no cumplida-, ello resulta incomprensible.
Por ultimo, pero no por ello menos importante, resulta alarmante el discurso predominante en l@s presidenciables de derecha en relación a la necesidad de reducir drásticamente el tamaño del Estado, y consecuentemente el gasto público, y eliminar para ello, entre otros, reparticiones y funcionarios públicos. Así se propone la reducción de impuestos, incluyendo en el caso de Kast y Kayser, aquellos que gravan las grandes y medianas empresas. Ello resulta paradójico para un Estado como el chileno cuya tasa de recaudación impositiva es casi 10 puntos porcentuales menor al promedio de los países de la OECD , en que el 50% de dicha recaudación viene del pago del IVA, que es regresivo, y solo el 42% de impuesto a la renta. Emulando a Milei y su motosierra, dich@s presidenciables, incluyendo a Matthei , quien propone reducir el gasto público en unos US$ 6.000 millones y contar con una “buena tijera de podar, grande y rápida“, proponen aplicar la famosa “doctrina del shock” de Milton Friedman utilizada por Pinochet en los primeros años de la dictadura, y más recientemente el presidente transandino. Ello, sin hacerse cargo de sus costos sociales; 40% de pobreza en el caso de la dictadura chilena, 60% en el caso de Argentina. Tales discursos se contraponen a la obligación asumida por el Estado chileno al ratificar el Pacto Internacional de Derechos Económicos, sociales y culturales, mediante el cual las partes de este convenio internacional se comprometen a destinar hasta el máximo de los recursos de que dispongan para la materialización de estos derechos.
Además de la dogmática neoliberal que fundamenta estas propuestas, argumentan que el Estado malgasta enormes de recursos en personal, y que dicho personal , además, es ineficiente y/o corrupto. Sin desmerecer la crítica al actual gobierno por el traspaso de fondos a fundaciones – muchas de ellas de sus adeptos, otras vinculadas a la oposición- que fueron malgastados, en un evidente fraude al fisco, o repudiar la actuación de empleados públicos que abusaron de sus funciones haciendo uso indebido de licencias médicas, no puede dejar de señalarse la contradicción que significa que l@s candidat@s de derecha no cuestionen legislación cuyo impacto en el erario nacional ha sido enormemente superior al de los escándalos antes referidos y que los partidos que representan aprobaron. Me refiero en particular a la Ley corta de ISAPRES aprobada el 2024, ley que surgió de la condena judicial de que estas empresas privadas de salud fueron objeto por los cobros discriminatorios a sus afiliados por aproximadamente US $ 1.400 millones. Bajo el argumento de los impactos adversos que para el sistema de salud hubiese tenido la quiebra de dichas empresas, la legislación aprobada por el parlamento otorgó un perdonazo a estas entidades. Ello al permitirles pagar a sus afiliados una deuda menor (US $ 1.250 millones) a aquella establecida por la justicia, en un plazo de hasta 13 años, y al permitirles cubrir su deuda con el incremento de sus primas. El doble estándar de l@s presidenciables de derecha, quienes se declaran cristianos, me hace recordar lo señalado por Jesús a los fariseos: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? (Lucas 6, 41-42)
Faltando tres meses para las elecciones presidenciales es de esperar que los debates puedan elevar su nivel y salir de los mantras populistas vacíos que hasta ahora han dominado en ellos. Que se aborde en ellos las causas profundas de los problemas que nos afectan como sociedad, y no solo de sus síntomas. Que se tenga presente en ellos los acuerdos societales logrados en el último siglo sobre los derechos que corresponden a las personas y a los pueblos que han permitido la expansión de la democracia desde su dimensión política hacía su dimensión económica y social. Que se aborde en ellos los desafíos que hoy enfrenta no solo Chile sino la humanidad entera en un contexto de movilidad humana y de crisis climática acelerada. ¿Es mucho pedir? Creo que no.
