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Август
2025

Debates presidenciales y derechos humanos

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Como pocas veces en elecciones pasadas, en las últimas semanas hemos sido testigos de la proliferación de debates entre l@s candidat@s al sillón de O´Higgins. Desde la perspectiva democrática,  no cabe sino felicitar su realización. Ellos permiten a la ciudadanía conocer a l@s presidenciables, sus propuestas,  sus estilos, lo que resulta fundamental para definir sus opciones frente a las próximas elecciones.

Dicho lo anterior, resulta preocupante, sino alarmante, la ausencia  casi total  en ellos   de reflexión y propuestas de l@s candidat@s sobre una  temática que ha estado al centro del debate de las democracias contemporáneas a partir de la segunda mitad del siglo XX;  los derechos humanos.

Necesario aclarar que cuando refiero a los derechos humanos, estoy hablando no solo de la garantía de la vida y la integridad de las personas,  la participación  política  y el acceso a la justicia, concepto acotado con que estos se hicieron conocidos en dictadura, cuando fueron denegados,  sino también de los derechos económicos , sociales y culturales,  como la salud y la previsión,  la vivienda digna, los  derechos laborales y sindicales.  También me refiero a derechos  de los pueblos indígenas,  de la población migrante  y de las diversidades sexuales,  hoy reconocidos por la comunidad internacional de la que Chile es parte.    Más aún, en un contexto de crisis climática comprobada por la comunidad científica mundial,  también refiero al derecho humano a un medio ambiente saludable, al  derecho al acceso al agua, entre otros, fundamentales para asegurar la  continuidad de la vida,   que hoy constituyen un consenso de la humanidad.

En efecto,   salvo contadas excepciones,  el énfasis en dichos debates  ha estado puesto casi exclusivamente a los discursos y propuestas en dos grandes áreas;  la seguridad pública y el crecimiento económico. Lejos de negar la importancia de estas  temáticas, las que constituyen una preocupación central de la ciudadanía,  llama la atención,  que ellas se hayan convertido en una especie de mantra,  cuyo abordaje  resolvería todos los problemas del país. Así, en los debates no hay reflexión sobre las causas subyacentes a la inseguridad, entre las que se encuentran la pobreza  (lo que es implícitamente reconocido  por la candidata Matthei cuando señala que esta es muy grave en los barrios en que viven los sectores populares y no en los que ella vive),  y  a la creciente migración de países vecinos a Chile. En este último caso l@s presidenciables de derecha omiten el que se trata  de un fenómeno global que afecta a toda la región,   y al hecho de que parte importante de la población migrante llegó a Chile  bajo el gobierno de Piñera, gobierno que apoyaron.  No puede dejar de representarse la paradoja de los discursos anti migrantes  de Matthei,  Kaiser, Kast y  Parisi,  tod@s descendientes de migrantes.  La reflexión que  como chileno descendiente de migrante me hago al respecto  es la siguiente:  ¿Es que hay  migrantes de primera categoría como los antepasados de ell@s que son  permisibles y deseables,  y otros de segunda categoría, como los provenientes de países vecinos,  que no lo son?

Al no haber un análisis profundo de dichas causas,  l@s candidatos compiten en sus  discursos de mano dura;  aumento drástico de las penas,  cárceles en aislamiento total (cualquier relación con Alligator Alcatraz de Trump no puede ser pura coincidencia),  escudo fronterizo y expulsión de migrantes,  fortalecimiento de policías  sin complejos,  ampliación de la legitima defensa (defensa propia), son algunas de las propuestas del candidato  Kast, quien lleva el liderazgo  en esta materia.  Aunque Jara incorpora como elemento adicional en sus propuestas sobre la materia el levantamiento del secreto bancario como mecanismos para frenar la expansión hacia  Chile de los grupos delictuales, medida resistida por l@s candidat@s de  derecha,  la mano dura y  el fortalecimiento de las policías,  también forma parte de su propuesta.   Si bien las policías juegan un rol fundamental para hacer frente a la inseguridad ciudadana, la que dicho sea de paso ha sido magnificada por los medios de comunicación (estudios recientes dan cuenta que Chile está entre los tres países con la menor tasa de criminalidad en la región),  estas no pueden desarrollar su función, por importante que sea,  sin respeto a los derechos humanos, como lamentablemente ocurrió no solo en dictadura, sino también durante el estallido social,   realidad totalmente ausente del debate presidencial.   Aún más crítico,  la labor policial y punitiva por si sola no garantiza la seguridad ciudadana.  Un reciente informe de la hoy denostada Organización de Naciones Unidas  (recordemos que el candidato Kast en su candidatura de 2021 proponía retirar a Chile de la ONU)  demuestra  que  la justa distribución de los ingresos y  la superación  de la pobreza,  resultan elementos  fundamentales para garantizar la seguridad ciudadana, la cohesión  y la convivencia pacífica al interior de una sociedad,  análisis ausente en los debates presidenciales.

Ello nos lleva al otro mantra de l@s presidenciables; el crecimiento económico.   Gran parte de  los debates  se ha centrado en la crítica al desempeño de la actual  administración en materia macro económica,  a las bajas tasas de crecimiento e inversión de los últimos años,  y en el incremento de las cifras de desempleo.    Los análisis que l@s candidat@s de la derecha  sobre la realidad económica llevan a pensar que estamos en país en banca rota , al borde del colapso financiero.     Si bien la defensa del desempeño económico de la actual  administración dista mucho del enfoque de mi análisis,  informes del Banco Central, ente autónomo del Estado,  dan cuenta que los últimos años dicha inversión  alcanzó las cifras más elevadas de la última década.

Mi preocupación central, sin embargo, es otra.  La primera y más importante  es la  ausencia casi total de análisis de l@s presidenciables sobre el agotamiento del modelo de crecimiento basado en recursos naturales finitos hasta ahora vigente, en el contexto de la crisis climática global  antes referida.    En efecto, sus propuestas en la materia se sustentan en el  incremento de la explotación  y procesamiento de recursos naturales, como los minerales, los  recursos del bosque  o del mar, ríos o lagos  (en los dos últimos casos con especies exóticas altamente invasoras),   actividades que contra toda evidencia científica identifican como sustentables. La única referencia  a un modelo económico distinto a aquel basado en el crecimiento fue la realizada  por Parisi en uno de los debates al mofarse de las propuestas de decrecimiento hechas en el contexto del proceso constituyente, caricaturizándolas – aunque  sin señalarlo explícitamente – como estúpidas.  Su desconocimiento sobre la reflexión sobre modelos alternativos al del crecimiento económico que hoy tiene lugar en prestigiosas instituciones internacionales, como el  World Economic Forum,  modelos que apuntan a reducir el consumo de energía y de recursos naturales,  no así el PIB,  en el contexto de la crisis planetaria que hoy vivimos, resulta  lamentable.

Resulta preocupante que en los debates  dicho discurso, incluyendo el de la candidata Jara, sea trasversal. Dada su trayectoria política sería esperable que ella tuviese  una postura más consciente e informada  en relación  a la necesidad de impulsar modelos alternativos de desarrollo  diferentes del extractivismo hoy imperante en nuestro país. Cierto es que ella pone énfasis en la necesidad de fomentar las energías renovables. No queda claro, sin embargo,  cual es el concepto de energías renovable que propone,  teniendo presente que   se considera como tales el hidrogeno verde y la hidroelectricidad a gran escala – cuyos  impactos ambientales negativos han sido advertidos   por la comunidad científica.

Relacionado con  lo anterior , otra preocupación es la  ausencia total de propuestas sobre  la responsabilidad que las empresas  tienen  en  derechos humanos.  En efecto, ninguno de l@s presidenciables se hace eco de las tendencias internacionales y comparadas  de acuerdo a las cuales,  las empresas, por su  poder e importancia en las economías modernas,  deben desarrollar sus actividades con respeto a estos derechos.   En efecto, de acuerdo a dichas tendencias no solo los estados deben asegurar su protección en el contexto de la actividad empresarial, sino que las propias empresas son responsables de su comportamiento en la materia. Ello no solo a través de procesos de debida diligencia que les obligan a  prevenir y mitigar los impactos en ellos como consecuencia de su actuación,  sino también a repararlos cuando estos ocurren. Tal tendencia se ha visto reflejada no solo en directrices internacionales, sino en la legislación de  los estados europeos, los que suelen ser citados en los mismos debates como modelos,  así como también en los  estándares que las grandes asociaciones  empresariales  han adoptado para acceder a los mercados globales.   Si bien se puede entender la omisión de esta perspectiva en l@s presidenciables de derecha,  que representan los intereses del empresariado, en el caso de la candidata Jara, ministra de un gobierno o que se comprometió a promover  legislación sobre la  materia – promesa hasta ahora no cumplida-,  ello resulta  incomprensible.

Por ultimo, pero no por ello menos importante,   resulta alarmante el discurso predominante en l@s presidenciables de derecha en relación a la necesidad de reducir drásticamente el tamaño del Estado, y consecuentemente el gasto público,  y eliminar para ello, entre otros,  reparticiones   y funcionarios públicos.   Así se propone la reducción de impuestos,  incluyendo en el caso de Kast y  Kayser, aquellos que gravan las grandes y medianas empresas. Ello resulta paradójico para un Estado como el chileno cuya tasa de recaudación impositiva es casi 10 puntos porcentuales menor al promedio de los países de la OECD , en que el 50% de  dicha recaudación viene del pago del IVA, que es regresivo, y solo el 42% de impuesto a la renta.  Emulando a Milei y su motosierra, dich@s presidenciables,  incluyendo a Matthei , quien propone reducir el gasto público en unos US$ 6.000 millones y contar con una “buena tijera de podar, grande y rápida“,  proponen aplicar la famosa “doctrina del shock” de Milton Friedman utilizada por Pinochet en los primeros años de la dictadura,  y  más recientemente el presidente transandino. Ello, sin  hacerse cargo de sus costos sociales;  40% de pobreza en el caso de la dictadura chilena,  60% en el caso de Argentina. Tales discursos se contraponen a  la obligación asumida por el Estado chileno al ratificar el Pacto Internacional de Derechos Económicos, sociales y culturales, mediante el cual  las partes de este convenio internacional se comprometen a destinar hasta el máximo de los recursos de que dispongan para la materialización de estos derechos.

Además de la dogmática neoliberal que fundamenta estas  propuestas, argumentan que  el Estado malgasta enormes de recursos en  personal, y que dicho personal , además,   es ineficiente y/o corrupto.      Sin desmerecer la crítica  al actual gobierno por el traspaso de  fondos a fundaciones – muchas de ellas  de sus adeptos, otras vinculadas a  la oposición-  que fueron  malgastados,  en un evidente fraude al fisco, o repudiar la  actuación de  empleados públicos que abusaron de sus funciones  haciendo uso indebido de   licencias médicas, no puede dejar de señalarse  la contradicción que significa que l@s candidat@s de derecha  no cuestionen legislación cuyo impacto en el erario nacional  ha sido enormemente superior al de los escándalos antes referidos y que los partidos que representan aprobaron.   Me refiero en particular  a la Ley corta de ISAPRES aprobada el 2024, ley que surgió  de la condena judicial de que estas empresas privadas de salud fueron objeto por los cobros discriminatorios a sus afiliados por  aproximadamente US $ 1.400 millones.  Bajo el argumento de los impactos adversos que para el sistema de salud hubiese tenido la   quiebra de dichas empresas,   la legislación  aprobada por el parlamento  otorgó un  perdonazo  a estas entidades. Ello  al permitirles pagar a sus afiliados  una deuda menor (US $ 1.250 millones) a aquella establecida por la justicia, en un plazo de hasta 13 años,   y al permitirles cubrir su deuda con el incremento de sus primas. El doble estándar de l@s presidenciables de  derecha, quienes se declaran cristianos,   me hace recordar lo señalado por Jesús a los fariseos:  “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?  (Lucas 6, 41-42)

Faltando tres meses para las elecciones presidenciales es de esperar que los debates  puedan  elevar su nivel y salir de los mantras  populistas vacíos que hasta ahora han dominado en ellos.  Que se  aborde en ellos  las causas profundas de los problemas que nos afectan como sociedad, y no solo de sus  síntomas.  Que se  tenga presente en ellos los acuerdos  societales  logrados en el último siglo sobre los derechos que corresponden  a las personas y a los pueblos  que han permitido  la expansión  de la democracia  desde su dimensión política  hacía su dimensión económica y social.  Que se  aborde en  ellos los desafíos que hoy enfrenta no solo Chile sino la humanidad entera en un contexto de movilidad humana y de crisis climática acelerada.  ¿Es mucho pedir? Creo que no.















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