Un teléfono sonando sin que nadie lo atendiese junto a un paso de peatones de Conil de la Frontera una noche de agosto, a un paso del Burguer King . Era el de Sonia Rosado, una chica de 26 años, pastelera, que caminaba en dirección a casa de unos amigos para reunirse en la despedida de uno de ellos, que se marchaba en unos días a Italia a trabajar. «Llegué a un paso de peatones, mire hacia un lado y hacia otro, como hacía siempre y, como no venía nadie, crucé», relata la joven, a la que la vida le cambió hace casi un año justo. «Ya no recuerdo nada más de lo que pasó, lo que le cuento lo...
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