En el pádel, cada punto es un conjunto de
movimientos combinados entre aceleraciones, frenadas y giros explosivos. No hay líneas rectas ni ritmos constantes. Lo que hay son arranques desde parado, cambios de dirección violentos, apoyos sobre una pierna y gestos técnicos que nacen del centro del cuerpo y terminan en la punta de la pala. En ese entorno,
no basta con ser fuerte: hay que saber frenar bien. Y aquí es donde entra en juego la fuerza excéntrica.
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