La playa es el escaparate de lo que somos. Ya nada es lo que era porque hemos evolucionado en seres sofisticados que ya no vamos al chiringuito a comer espetos de sardinas con un botellín. Ahora vamos al Beach Club, donde nos ofrecen una carta gastronómica premium a base de alga wakame y huevos felices con música 'chill out'. Mientras esperamos la llegada de la suerte para que nos atienda el único camarero que está autorizado a apuntar en un móvil la comanda, en la mesa de al lado observamos los tatuajes del grupo musculado que come sin camiseta. Al momento entra por la tablazón sobre la arena una pareja empujando un Bugaboo, el Ferrari de los carros de bebés,...
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