El propósito del 78 fue el de una nación reconciliada. Por eso, nuestro proceso constituyente no fue un pacto para el olvido sino una manera de inmortalizar el recuerdo, para no tener que repetirlo. Casi cincuenta años después, ya no existe una mayoría electoral capaz de sostenerlo. La izquierda y el nacionalismo han trabajado sin tregua para horadar la Constitución y su propósito, esa nación reconciliada que han convertido en nación quebrada, antesala del estado fallido y del conflicto civil. A la pulsión anti–78 se ha unido con especial vehemencia el populismo nacional-obrerista de Vox, que parece haber pasado de la interlocución con el PSOE a la coordinación. No se entiende de otra manera el servicio que Abascal presta deslegitimando...
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