Tras meses de debates, tensiones con la patronal y desencuentros en el Congreso,
la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales ha vivido este miércoles un punto de inflexión. Lo que nació como una de las medidas estrella del Gobierno de coalición entre
PSOE y Sumar,
se ha topado ahora con fuertes resistencias políticas y empresariales.
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