La croqueta ha pasado de ser el comodín de las cenas familiares al objeto de culto de bares modernos y restaurantes de autor. Cremosa o firme, con bechamel de campeonato o rellenos imposibles, lo cierto es que pocas tapas generan tanta pasión. Y ahora, por primera vez, Alicante le dedica un festival propio: Alacroqueta.