La compañía de un
perro puede tener un impacto profundamente positivo en la vida de una persona. Más allá de ser una simple
mascota, un perro se convierte en un
compañero leal, capaz de ofrecer amor incondicional, consuelo y estabilidad emocional.
Numerosos estudios han demostrado que tener un perro puede reducir los niveles de estrés, ansiedad y depresión. Su presencia constante y su naturaleza intuitiva permiten que muchas personas se sientan menos solas y más comprendidas.
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