La fiscal general de Estados Unidos encarna una paradoja ya familiar: referente de liderazgo femenino que conduce un Departamento de Justicia alineado con las políticas más duras y controversiales de la Casa Blanca. Defiende deportaciones masivas, cuestiona la ciudadanía por nacimiento, persigue a jueces críticos y promete transparencia en el caso Epstein, aunque su manejo errático desató enojo tanto en las víctimas como en la propia base trumpista.