Memes, bromas, imágenes comprometidas… La Inteligencia Artificial (IA) ya se utiliza en el 14,2 por ciento de los casos para acosar. Esta es una de las conclusiones del VII Informe 'La opinión de los estudiantes' , elaborado conjuntamente por las fundaciones Mutua Madrileña y ANAR , que ha contado con el testimonio de 8.781 alumnos y 355 profesores. En concreto, el 54,8 por ciento de los casos en los que se emplea la IA con fines de ciberacoso corresponden a la creación de vídeos falsos a partir de la manipulación de una foto, vídeo o audio de la víctima y un 32 por ciento a la suplantación de la identidad de un compañero. Las principales plataformas en las que se distribuye entre estos menores de edad son WhatsApp, Instagram, Tik Tok y videojuegos. El acoso escolar sigue creciendo con respecto al año anterior, tal y como advierte Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña, situándose en un 12,3 por ciento con respecto al curso anterior, que era del 9,4 por ciento. «Son tres puntos porcentuales, en términos relativos. Es decir, un tercio más de chicos y chicas que responden afirmativamente a la pregunta de si ellos o alguno de sus compañeros está sufriendo acoso escolar o ciberbullying. Antes se producía solo en la ruta del comedor, en clase o en el recreo y ahora te alcanza hasta el último rincón de tu cuarto, ya no estás a salvo en ningún sitio. Se trata de un acoso escolar que se produce durante 8 horas ahora abarca las 24 horas», remarca el responsable de esta entidad. Porque, según se extrae del informe, todo el incremento registrado se debe a casos de ciberbullying, solo o combinado con acoso presencial. «A la vista de estos resultados, se desprende que el acoso escolar a través de redes sociales y el ámbito digital está incrementando la incidencia del bullying en España. Es bastante insidioso en cuanto a que persigue a la víctima en cualquier rincón de su vida», ha insistido Cooklin. En la mayoría de los casos, el estudio refleja una mayor incidencia en el grupo de 11-12 años. «Esto pensamos que tiene que ver qué les ha adelantado la entrega del teléfono móvil antes y que hay un relajamiento de los padres en los controles parentales, además de que los propios adolescentes creen tener mejor conocimiento», sugiere este directivo. Respecto a la duración, hay un fenómeno que llama la atención a los responsables del estudio, y es que hay un 15,8 por ciento de víctimas de ciberbullying que afirma que están sufriendo estas situaciones desde hace más de un año, lo que supone un aumento de 5,9 puntos porcentuales con respecto al curso anterior de estos casos de larga duración. «¿Lo deseable? Que no exista, pero cuando existe, que dure semanas, que es lo que se extrae de la mitad de la muestra que tenemos. Pero la otra mitad refleja que esta circunstancia dura meses o años, y las consecuencias psicológicas que vamos a ver después son mayores», apunta Benjamín Ballesteros, director técnico y portavoz de Fundación Anar. En cuanto a los medios a través de los cuales se produce, el alumnado cita WhatsApp, en un 66,4 por ciento, Instagram (50,5 por ciento) y Tik Tok (49,5 por ciento). En Primaria se ejerce sobre todo a través de videojuegos y juegos online, en un 56,6 por ciento y utilizando Tik Tok (50,9 por ciento), mientras que en Secundaria priman WhatsApp (66,7 por ciento), Instagram (61,1 por ciento) y Facebook (24,1 por ciento) ¿Qué saben los estudiantes sobre cómo atajar el ciberbullying? Los alumnos responden, en primer término, apunta el responsable de Fundación Anar, «que deben hacer capturas de pantalla de lo que está sucediendo par poder demostrar el acoso y poder denunciar; borrar o bloquear la cuenta de la que son acosados; no reenviar los vídeos o las fotos o memes a terceros, acudir a las fuerzas del orden y también privatizar sus propias cuentas. Hay muchos adolescentes que todavía tienen sus perfiles abiertos sin tener en cuenta que puede acceder cualquiera con malas intenciones». Respecto al acoso escolar presencial, continúa Cooklin, «es cierto que cuando alguien quiere hacer daño a los demás, tiende a utilizar los medios a su alcance, pero sigue habiendo diferencias entre el acoso presencial, el de toda la vida, y el relacionado con el ciberacoso. Existe una mayor percepción del ciberacoso, pero los chicos reconocen un mayor acoso presencial, porque es lo están viendo, mientras que el otro se lo tienen que contar o estar en ese grupo». De hecho, según el informe realizado por estas dos entidades, crece la violencia física en los casos de acoso presencial, donde los golpes y patadas aumentaron 8,7 por ciento puntos porcentuales con respecto al curso anterior, alcanzando el 30,9 por ciento de los casos. «El 6,5 por ciento del alumnado, reconoce que en su clase hay al menos un caso de acoso escolar en su grupo, entre uno y dos casos por clase, pensando en un grupo escolar medio de entre 20 y 25 alumnos. Los varones sufren este acoso en amyor medida», detalla Cooklin. Respecto a la edad principal en la que se están produciendo estos casos de acoso presencial es de los 11, 12 años, seguido de los 13 a los 14. Un niño que sufre acoso escolar, resalta el responsable de Fundación Mutua, tarda una media de 15 meses en contárselo a alguien, y no hay forma de atajarlo. «Hay otro dato tremendo de un estudio anterior que evidenciaba que la media tarda 13 meses en contárselo a alguien y es entonces cuando se activa los protocolos y procesos y que los padres acudan se movilicen. Si tenemos en cuenta que en el 75 por ciento de los casos las víctimas de acoso escolar lo sufren diariamente. Imaginaros un menor de edad, de 11 o 12 años que está sufriendo una situación de acoso escolar diaria durante 13 meses, los efectos que esto puede tener durante su infancia, te están robando tu infancia y además esto tiene efectos sobre la adolescencia y vida adulta». Por eso, resalta Cooklin, «muchas de nuestras iniciativas van dirigidas a la importancia de atajar el problema y a proponer líneas de acción porque «el mal existe, es innato a la naturaleza humana, nunca va a desaparecer, como nunca van a desaparecer las guerras, pero si se trata de paliar los efectos ayudar a las víctimas, debemos acotarlo lo máximo en el tiempo y de esa forma paliar los efectos y las consecuencias». Los insultos, los motes y las burlas de forma constante y permanente, seguidos por el aislamiento , siguen siendo los tipos de agresión más frecuente. «Podemos pensar que dejar de lado a los demás no es tan grave e incluso a veces los adultos pensamos que el aislamiento es deseable, pero para un adolescente el hecho de no formar parte de ese grupo tiene unos efectos emocionales terribles. El hecho de estar en clase la niña, y que llegue otra y entregue invitación a todas menos a ella…O no estar en un chat de clase y no enterarte de las quedadas, de los planes… El impacto de que no cuenten contigo es brutal», recuerda el director de la Fundación Mutua. Otra cuestión relevante es que crece la agresión física en 8 puntos porcentuales frente al año anterior. «Es una tendencia que existe, una sensación de tendencia a mayor violencia en nuestra sociedad, y especialmente o singularmente por parte de los jóvenes. La violencia física está presente en casi un 33 por ciento de los casos de acoso, cuando antes estaba más cerca del 20. Esto es tremendamente relevante y preocupante», lamenta Cooklin. En cuanto a los motivos para meterse con la víctima , las respuestas de los alumnos en este estudio son de los más variopintas. «Por las cosas que hace, por su aspecto físico, por si tiene problemas personales… En realidad la conclusión es que no hay un motivo específico. Puede ser el que saca peores notas, el que saca mejores, el más guapo de la clase, el más feo, el motivo puede ser cualquiera. si hubiera que centrarse en alguno: el que es diferente», reconoce el experto de Fundación Mutua. Las agresiones en grupo siguen siendo las más frecuentes, aunque ha habido un descenso pero siguen siendo las más prevalentes y habituales respecto a las que comete un solo individuo. Por otra parte, el porcentaje de alumnos que cree que no hacen nada los compañeros ante una situación de acoso escolar que está sufriendo un compañero, se sitúa en el 47,9 por ciento. Es decir, se mantiene más o menos constante. «Pero no hace falta unirse y darle una paliza al acosador. Hay otras vías: contárselo a tus padres, a profesores, para que actúen. Como el acosado no lo hace, si tu tienes conocimiento tu obligación es contarlo», advierte este profesional. De otro modo, las consecuencias son muy graves para la persona, insisten ambos. Las consecuencias psicológicas pueden ser consecuencia pero, remarca Benjamín Ballesteros, «pueden servir también para alertar de que el fenómeno se está produciendo. Así, cuando observamos mayor retraimiento, un menor deseo de participación en el grupo, o que los más pequeños no quieren ir al colegio, o muestran síntomas psicosomáticos, como 'me duele la tripa', se retraen en sí mismos, el sueño se perjudica de forma significativa, teniendo dificultad de mantener conciliación durante toda la noche, o presentando terrores nocturnos, o una bajada de notas, debemos ponernos alerta. Un descenso en las calificaciones es uno de los síntomas que más nos tienen que alertar frente al acoso». Respecto al papel del profesorado , el informe señala que un 15% de los docentes dijo tener conocimiento de algún caso, lo que supone 5,9 puntos porcentuales menos que en el curso anterior. Las situaciones que detectan en mayor medida son de acoso presencial (70,9%). El profesorado tiene constancia de una situación de acoso escolar porque se lo cuentan compañeros/testigos (46,3%) o porque se da cuenta él/ella mismo/a (44,4%). Los aspectos decisivos para que se produzca el acoso escolar son, según el profesorado: la presión del grupo de amigos/as (89,9%), el uso indebido de las nuevas tecnologías/redes sociales (89,9%), la falta de respeto a las diferencias (88,5%) y la normalización de la violencia (88%). Según el profesorado, los agresores se caracterizan por la agresividad, falta de control, impulsividad, normalización de la violencia (82,5); el sentimiento de superioridad (79,6%), los problemas familiares (75,8%) y la falta de habilidades sociales (73,5%).