Se cortó el tráfico por la carrera nocturna, pero antes lo paró Pablo Aguado en tres chicuelinas y una media. ¡Cómo fue la tercera! Aquí no se corre, señores; aquí se anda a compás, al son de ese martinete que latía en el pecho de la ciudad. Desde Adriano a su Huerta de la Salud, Sevilla callaba, ni un solo claxon sonaba y las calles se liberaban de toda señal que dictase prisas. El torero con nombre de apóstol, el del jardín de las delicias más naturales de la temporada, durmió la embestida del toro en aquel quite. Sigue leyendo aquí .