Parece que se aproxima la hora en la que los sevillanos puedan redescubrir tras más de dos décadas de abandono y una buena dosis de desidia administrativa, no hay que pasarlo por alto, parte de la historia de la ciudad, la que recuerda sus episodios más brillantes. Aunque, como en tantas ocasiones, Sevilla ha perdido una oportunidad de acometer la recuperación de la estampa más fidedigna de las Reales Atarazanas. Lo que llega está desvirtuado, a medias, tarde y a medias. Hoy es día del pavoneo político para sacar pecho de un asunto que ha pasado por las manos de más de un presidente autonómico y de muchos más consejeros de Cultura. Sin obviar que la rehabilitación, no recuperación, de...
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