Adam Smith, gran gurú de la economía liberal -o del capitalismo, si lo prefiere-, defendía hace ya casi tres siglos en su libro 'La riqueza de las naciones' que cuanto menos interviniera el Estado en las cosas del comer, mejor que mejor. El mercado es capaz de regularse por sí mismo mediante la oferta y la demanda y los mandatarios políticos deben limitarse a garantizar la justicia, la seguridad y las infraestructuras básicas mediante el cobro de impuestos. Hoy podríamos añadir la educación y la sanidad. Se ve que en el último tercio del siglo XVIII la conciencia social era, por decirlo suavemente, distraída. En el lado opuesto podríamos colocar a Karl Marx y su 'Manifiesto comunista', en el que...
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