Enrique de Luxemburgo deja de ser Gran Duque este viernes, después de la ceremonia de abdicación en su hijo Guillermo. Después de 25 años, el regente de la casa Borbón-Parma ha dado un paso a un lado y cede a su primogénito la última jefatura de Estado que queda en manos de una casa ducal reinante en Europa. La monarquía luxemburguesa encara desde este 3 de octubre un relevo histórico tras un cuarto de siglo de reinado. Enrique, gran duque desde el año 2000, culmina un proceso cuidadosamente planificado que sigue la tradición de la Casa Gran Ducal: antes de abdicar, el soberano delega progresivamente sus funciones en el sucesor como lugarteniente representante , una figura clave para su preparación. El anuncio se fue gestando durante todo 2024. En junio, con motivo de la fiesta nacional, Enrique confirmó que comenzaría a transferir poderes a Guillermo en octubre, decisión que el primer ministro, Luc Frieden , calificó como «el comienzo de un nuevo capítulo». El 8 de octubre, el heredero juró su cargo y asumió parte de las tareas institucionales, en un paso decisivo hacia el trono. En su tradicional discurso navideño, Enrique confirmó la fecha definitiva de su abdicación y expresó su «profunda gratitud y humildad» tras 25 años en el poder. «Ha llegado el momento» , admitió, confiado en que Guillermo y su esposa, la Princesa Estefanía, «harán todo lo posible por el bienestar del país». Enrique de Luxemburgo subió al trono el 7 de octubre de 2000. Su relación con el resto de monarquías europeas ha sido muy cercana, tanto por sus lazos familiares —es primo hermano de Felipe de Bélgica— como por amistad. El primer viaje de estado que realizó él junto a su esposa, la Gran Duquesa María Teresa , fue a España en 2001, invitados por Don Juan Carlos y Doña Sofía. Desde entonces, su reinado ha sido el que se establece dentro de toda monarquía parlamentaria, si bien un episodio ha marcado sus 25 años en el trono. El Gran Duque se negó a sancionar la ley que legalizaba la eutanasia , aprobada ese mismo año por la Cámara de Diputados. Alegando motivos de conciencia, el jefe del Estado decidió no estampar su firma en el texto, lo que desencadenó una reforma institucional sin precedentes: el Parlamento optó por reducir sus prerrogativas y eliminar la necesidad de la firma del monarca para la promulgación de las leyes. Luxemburgo se ha volcado con la coronación de su nuevo Gran Duque. Un espectáculo de drones, conciertos, una cena de gala y el tradicional saludo desde el balcón del Gran Palacio Ducal dará comienzo a un fin de semana en el que Guillermo quiere empezar acercándose a sus súbditos de una manera mucho más real. Prueba de ello son detalles como, por ejemplo, que la parada de tranvía de Theatre se ha rebautizado como Trounwiessel —nombre oficial del acontecimiento en idioma luxemburgués—, y será la voz del Gran Duque Guillermo la que anuncie la llegada de los viajeros a esta estación hasta el próximo lunes. Luxemburgo vive este viernes una jornada histórica con un programa cargado de simbolismo para marcar el relevo en el trono. Desde primera hora, los ciudadanos han podido seguir los actos en una pantalla gigante en la plaza Guillermo II. La ceremonia de abdicación de Enrique ha comenzado a las 10:00 en el Palacio Gran Ducal, seguida del arriado de su bandera y, una hora después, del juramento de Guillermo como nuevo jefe de Estado ante el Parlamento. Una vez finalice su discurso, se ondeará en el Parlamento el nuevo estandarte. A mediodía, el nuevo gran duque saludará a la nación desde el balcón del Palacio Ducal y, después, la familia recorrerá a pie el trayecto hasta el ayuntamiento acompañada por dignatarios extranjeros, como los reyes de Bélgica y Países Bajos. Allí, la alcaldesa Lydia Polfer pronunciará un discurso y abrirá el libro de visitas oficial. La jornada continuará con una recepción ofrecida por el Gobierno poco antes de las 14:00 en el Cercle Cité y culminará con una cena de gala. Las celebraciones se extenderán durante el fin de semana.