Todas las claves para un perfecto herraje
El herraje es un oficio donde la experiencia, la observación y la capacidad de adaptación marcan la diferencia. Marc Herrouin lo sabe bien. Su trayectoria profesional se ha construido a base de horas junto al caballo, de aprendizaje constante y de una idea muy clara: no existen dos herrajes iguales. Especialista en competición y firme defensor del trabajo en equipo entre herradores, veterinarios y entrenadores, Herrouin entiende el casco como el reflejo de todo el caballo.
"Lo primero que me enganchó al herraje fue el propio caballo. Después vino la forja del hierro: la idea de poder transformar una simple pletina en una herradura. Ese proceso, tan artesanal, me fascinó desde el principio. Tuve la suerte de empezar con un jefe que supo transmitirme la pasión por el oficio y, gracias a él, descubrí que realmente quería dedicarme al herraje", apunta Marc. "Hoy tengo muchos más argumentos para explicar lo que veo. Empiezo siempre observando el caballo desde lejos y me voy acercando poco a poco. Lo miro en movimiento, analizo su locomoción y después, ya más cerca, estudio los aplomos y los cascos. Eso hace que el diálogo con veterinarios y clientes sea mucho más fácil, porque puedo explicar qué necesita el caballo y cómo voy a plantear el herraje", detalla.
Marc Herrouin defiende la personalización de cada herraje porque "cada caballo es especial. Cada uno tiene sus propios aplomos, sus defectos y su manera de moverse. Nuestro trabajo consiste en saber leer todo eso e interpretarlo correctamente. Yo tengo que adaptarme al caballo para intentar hacer el mejor herraje posible para él. Además, los resultados no siempre se ven de inmediato; muchas veces hacen falta dos o tres herrajes para empezar a notar cambios reales", asegura.
"En el herraje empiezo siempre desde una visión general: la anatomía del caballo y cómo está construido. Después voy bajando a los aplomos. Pregunto por su historial: de dónde viene, qué disciplina practica y qué tipo de trabajo realiza. Analizo también las herraduras antiguas y el herraje que lleva: por qué se le ha puesto ese herraje y si ha tenido lesiones anteriores. Si hace falta, llamo al veterinario. Cuanta más información pueda reunir, mejor podré ajustar el herraje que realmente necesita el caballo", dice Herrouin. Y explica los problemas con que se suele encontrar: "Muchos vienen directamente de los aplomos. El recorte es la base fundamental del herraje: de ahí sale un buen resultado o uno malo. Es una parte clave del trabajo y hay que mirarla dos veces, revisar el casco desde distintos planos -frontal, lateral y caudal-, tanto con el casco apoyado en el suelo como levantado.También es esencial moverse alrededor del caballo y observarlo al paso y al trote, tanto en línea recta como de lado".
Marc Herrouin da con clave en el cuidado del casco: "Sin duda, el principal error es el recorte. Si el recorte no está bien hecho, el herraje nunca podrá ser bueno. Es así de claro". Para un correcto mantenimiento "lo más importante son los tiempos de herraje. No se debería pasar nunca de siete semanas. En caballos de competición, lo ideal es herrarlos cada cinco semanas para mantener los aplomos y evitar que el caballo se vaya a sus defectos o acabe desarrollando lesiones".
Por su experiencia defiende la comunicación entre veterinarios, herradores y entrenadores. "Es fundamental. Cuando tengo dudas, suelo preguntar a compañeros de Francia con más experiencia. No hay que tener miedo ni vergüenza de consultar: nadie lo sabe todo. Cada caballo es distinto y lo que funciona para uno puede no servir para otro. Para mí, trabajar así, en equipo, es clave. Lo que más me motiva hoy es llevar cuadras de competición. Son muy exigentes con los tiempos y con el nivel de trabajo, pero me encanta ver los resultados y comprobar hasta dónde llegan los caballos que hierro. Cuando un caballo gana, siento un orgullo enorme: para mí es la forma más clara de ver que mi trabajo está siendo valorado", concluye.
