Shlomo Amar, Gran Rabino de Jerusalén: «Los terroristas buscan demostrar que vivimos una guerra de religión»
Tiene la mirada de quien atesora experiencia en la escucha y apertura a la trascendencia. Y una voz templada. «Somos todos hijos del patriarca Abraham», comenta el Gran Rabino de Jerusalén a su interlocutor mientras imparte una sencilla bendición. Ha aterrizado en Madrid para presidir hoy el encendido de la cuarta vela de Jánuca, la fiesta de las Luminarias. Junto a Shlomo Amar, el Gran Rabino Emérito de Madrid, Baruj (Benito) Garzón, que ejerce de traductor.
¿Cómo ha afrontado el atentado en Sídney?
Con mucho dolor por cada una de las víctimas, especialmente por los más jóvenes. Además, conozco personalmente a una de las personas asesinadas. Esta misma mañana hemos rezado por los heridos. Es el momento de dejar claro que no podemos señalar al pueblo árabe, a los musulmanes. No son terroristas. Yo mismo nací y crecí en Marruecos, un país árabe. Los niños musulmanes y judíos jugábamos en la calle juntos. Y como cualquier niño, nos enfadábamos, nos tirábamos piedras y al rato volvíamos a jugar juntos. Cuando yo tenía doce años, el presidente de Egipto, Abdel Nasser, estaba de visita y viajaba en un coche abierto junto a Mohammed V. Le cantamos, le dimos la bienvenida. Aquello encendió los ánimos y a veinte niños de la academia rabínica nos metieron en la cárcel, nos pegaron y nos amenazaron de muerte. Se logró despertar el odio en una población que nunca lo había vivido. Cuando el rey Mohammed V se enteró, supo reaccionar. Cuento esta historia para demostrar hasta qué punto una incitación verbal puede conducir a una violencia física. No puedo olvidar el golpe que recibí, perdí la respiración. Otro compañero, mayor que yo, literalmente me resucitó. Los judíos y los musulmanes hemos vivido juntos durante siglos, en muchos países. No nos oponemos ni a los musulmanes ni a los árabes, sino al terror, que también les amenaza a ellos.
¿Cómo evitar que un terrorista secuestre la imagen de Dios?
Los terroristas quieren demostrar que es una guerra de religión. Los terroristas buscan inventarse cualquier argumento para cometer sus acciones, incluso se matan entre ellos. Es una pena, porque los propios líderes musulmanes moderados se ven amenazados por estos terroristas. En cualquier país, aquel que no pertenece a su banda, lo suprimirán. No entienden ni de elecciones ni de democracia. Hay que pensar en la humanidad. Una vez estuve en un congreso en Kazajstán con 52 representantes religiosos. Les dije que hay un infierno especial para los líderes religiosos. Porque si el líder religioso no se opone abiertamente al terror y hace como que lo admite o que lo comprende, entonces es un cómplice. Algunos creen que apaciguándoles y dándoles reconocimiento van a lograr algo y no es cierto. Ese proceder no es correcto.
¿Cómo está afrontando la crisis de la Franja de Gaza?
Hay que saber distinguir entre el pueblo y los terroristas. Los árabes saben la verdad, pero, desgraciadamente, temen expresarla y yo entiendo su temor. Quien intenta expresar una postura distinta, sencillamente lo eliminan. Cuando hablas en una conversación privada, sí lo abordan sin problema. Solo la negación común y pública del terrorismo puede contribuir a la paz. Nuestros sabios siempre nos han recomendado intentar la paz con todos. Maimónides, el sabio judío cordobés, recomienda que, incluso con Amalek, que es el prototipo del antisemita de la época bíblica, si es posible, hay que hacer las paces. Pero si alguien tiene el propósito de matar, no hay que permitírselo. Es incomprensible que la prensa mundial ponga al mismo nivel a los terroristas de Hamás y al ejército de Israel. Primero, ellos son los que provocaron esta guerra. Segundo, entraron a asesinar civiles y a hacer todos los desmanes que sabemos. Y nosotros nos hemos limitado a defendernos, no podíamos hacer otra cosa. La muerte la están causando los terroristas dentro del propio pueblo de Gaza. Yo mismo me he acercado hasta la frontera para hablar con los soldados israelíes, que me han compartido el dolor que sentían por llevar a cabo esta misión, pero no tenían más remedio que defender al país. En Israel conviven todas las opiniones, todas las religiones, todas las razas, todas las culturas. Es más, los hospitales y los médicos más importantes, por ejemplo, son árabes.
Naciones Unidas ha alertado de una creciente oleada de antisemitismo. ¿Tiene la misma percepción que la ONU?
Desafortunadamente, es así. Estamos ante un antisemitismo moderno, de nuevo cuño. Sabemos que día a día en otros lugares, están intentando hace lo mismo que en Australia, pero no trasciende.
Ser el Gran Rabino de Jerusalén, la capital de las religiones monoteístas, ¿es un honor o una mochila de responsabilidad?
El lugar donde estaba el templo de Jerusalén hoy es un espacio en el que están los musulmanes. Nosotros honramos esa presencia. Pero si un judío entra, se forma un lío. Alrededor del monte del templo están las diferentes iglesias, y se convive en paz. Queremos que todos puedan disfrutar de la libertad religiosa. En los países árabes no existe esa libertad. Ojalá en otros países se viviera el 50% de la tolerancia y la actitud positiva que se da en Israel.
Las relaciones entre el judaísmo y el catolicismo han mejorado de forma notable…
He estado ya con tres Papas y nuestra relación ha sido muy cordial. Son religiones distintas, pero actualmente se respetan. El profeta Isaías dice que cada pueblo debe seguir a su Dios y, nosotros, al nuestro, al Eterno. La relación con el cristianismo demuestra que es posible crear una plataforma de cooperación, de
reconocimiento mutuo, es un proceso que sí es posible. Y al igual que es posible con el cristianismo, ¿por qué no va a ser posible con el islam? Hay que despertar.
Preside el encendido de la cuarta vela de Jánuca en Madrid. En un mundo que se mueve entre las tinieblas de la polarización y el enfrentamiento, ¿es posible iluminar con algo de esperanza?
Solo un poquito de luz puede dispersar y alejar mucha oscuridad, a la vez que hacer resurgir la alegría, en el mundo. Lamentablemente, las víctimas del atentado de Australia eran los primeros de todo el planeta en celebrar Janucá y lo pagaron con su vida.
La ciencia certifica que los creyentes son más felices que los ateos. ¿Es el Gran Rabino de Jerusalén un hombre feliz?
Es feliz una persona que tiene fe, no mental, sino una fe ejercida en la vida. El profeta Habacuc dice que el justo vive su fe y nunca desespera. Cuando hay muchas personas justas, la esperanza se abre paso como la luz al alba. Son esas personas las que están llamadas a iluminar este mundo.
